Autor: Pastor Efraim Valverde, Sr.
Revista Maranatha Edición de Abril 2013 página 1.
Revista Maranatha Edición de Abril 2013 página 1.
“He aquí que en justicia reinará un Rey, y príncipes presidirán en juicio. Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como acogida contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa” (Is. 32:1-2).
Isaías anuncia aquí un reino donde prevalece la justicia. En la opinión de algunos se trata del reino milenita; pero yo he considerado una cosa: lo dicho aplica al tiempo en que la Iglesia del Señor está aún aquí en la Tierra. Porque es esta Tierra, donde invariablemente necesitamos todos los verdaderos cristianos las clases de protección aquí ofrecidas; pues estas son simbólicas, de aplicación espiritual, usando el Espíritu Santo los elementos naturales como ilustración. Mas lo más importante en el caso aquí, es el terreno en el que se cumplen las bendiciones citadas: “EL REINO DE JUSTICIA”. Y este no es otro, sino el mismo “reino de Dios”, el “reino de los cielos” (Mat. 5:19) que el Señor mismo nombra en múltiples ocasiones en Su evangelio, al cual inclusive llama: “el evangelio del reino de Dios” (Lc. 4:43), de este reino Él mismo nos dice: “Porque he aquí el reino de Dios entre vosotros está” (Lc. 17:21).
Dios, es Dios de Justicia, nuestro Señor Jesucristo es “Dios... manifestado en carne” (1 Tim. 3:16), él es el Rey de Justicia y por tanto es, “aquel varón”, que por el Espíritu Santo anunció Isaías que habría de reinar. “Jesucristo (como Dios Eterno) es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Heb. 13:8) su reino por lo tanto no solamente ha sido, o será, sino que como Él, siempre es “el mismo”.
Dios, es Dios de Justicia, nuestro Señor Jesucristo es “Dios... manifestado en carne” (1 Tim. 3:16), él es el Rey de Justicia y por tanto es, “aquel varón”, que por el Espíritu Santo anunció Isaías que habría de reinar. “Jesucristo (como Dios Eterno) es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Heb. 13:8) su reino por lo tanto no solamente ha sido, o será, sino que como Él, siempre es “el mismo”.
Mas durante el curso del factor “tiempo”, que Él mismo creó, ha establecido Su “Reino de Justicia” entre los humanos, y esto de una manera más particular por conducto de Sus hijos, entre Su pueblo, empezó con el “Justo Abel” (Heb. 11:4), y continuó en una forma limitada durante el curso de los milenios con Sus hijos fieles de entre los patriarcas, líderes, jueces, reyes y profetas, hasta el día en que llegó el Justo de los justos e hizo Su reino, un reino universal. Antes de esto, el Señor formó a Su pueblo escogido: ISRAEL, y lo hizo oráculo de Sus leyes y mandamientos de justicia -por ello el Señor dijo que la salvación “viene de los Judíos” (Jn. 4:22), mas no era posible que la Justicia de Dios fuera instituida en Su perfección a nivel universal por conducto de vasos humanos imperfectos. Pues por razón de la herencia de pecado del Edén, que mora en los hijos de Dios integrantes de Su pueblo, fue necesario que el mismo Padre, como “el Hijo del hombre”, estableciera “El Reino de Justicia” aquí en la Tierra. Por eso dice: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él (el Padre de los hijos) también participó de lo mismo, para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es a saber, al diablo, y librar a los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos a servidumbre” (Heb. 2:14-15).
Los integrantes del Reino de Justicia
“El Reino de Justicia” opera hasta hoy entre un mundo lleno de injusticia, y sobre este “reino de injusticia” ha presidido, hasta que sea “echado fuera” “el príncipe de este mundo” (Jn. 12:31), “el dios de este siglo” (2 Cor. 4:4), nadie puede negar el tremendo hecho de que el mundo está lleno de injusticia, el dolor y la horrible miseria que prevalece en el mundo entero, es producto innegable en todos sus aspectos de la injusticia humana. Mas lo triste y lamentable es, que muchas de las mismas injusticias que existen entre el ambiente de un mundo que no conoce a Dios, existen también entre el pueblo del Señor que está llamado para ser “El Reino de Justicia” en este mundo. El apóstol Juan, movido por el Espíritu Santo, en forma cortante hace una tremenda declaración, dividiendo en dos partes la humanidad entera: “En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios” (1 Jn. 3:10).
Juan apóstol está aquí mancomunando dos virtudes fundamentales, que son distintivos indispensables en cada uno de los integrantes de “EL REINO DE JUSTICIA”, pues el amor y la justicia es imposible que operen separados. El que ama no hace injusticia a quienes ama, y el que hace justicia es porque ama a aquellos a quien les hace justicia. Los únicos que pueden hacer justicia en la forma como lo ordena el Rey de Justicia son los fieles integrantes de Su reino, quienes están dispuestos a “negarse a sí mismos” para imitar el ejemplo de nuestro Rey, quien nos manda que amemos y bendigamos aun “a vuestros enemigos” (Mat. 5:44).
Juan apóstol está aquí mancomunando dos virtudes fundamentales, que son distintivos indispensables en cada uno de los integrantes de “EL REINO DE JUSTICIA”, pues el amor y la justicia es imposible que operen separados. El que ama no hace injusticia a quienes ama, y el que hace justicia es porque ama a aquellos a quien les hace justicia. Los únicos que pueden hacer justicia en la forma como lo ordena el Rey de Justicia son los fieles integrantes de Su reino, quienes están dispuestos a “negarse a sí mismos” para imitar el ejemplo de nuestro Rey, quien nos manda que amemos y bendigamos aun “a vuestros enemigos” (Mat. 5:44).
“Justicia”, es una de las virtudes que más se menciona en el Libro Santo, desde Génesis hasta Apocalipsis
“Justicia”, es una de las virtudes que más se menciona en el Libro Santo, desde Génesis hasta Apocalipsis. Pero repito, lo lamentable es que en realidad son contados “los hijos del reino” quienes entienden en verdad lo que es “hacer justicia”. Son muy pocos los que realizan qué tan importante es delante de nuestro Dios el hacer justicia. Una gran mayoría de entre los “hijos del reino”, demuestra con sus hechos, que para ellos el obrar justicia no es de importancia, muchos ciertamente, obran injusticias en ignorancia, pero son muchos más los que entre “los hijos del reino” obran injusticias en diferentes formas conscientes de que no están haciendo bien, siendo ya prisioneros del engañador siguen haciendo injusticias “teniendo cauterizada la conciencia” (1 Tim. 4:2).
El reino de injusticia
Desde los días del “Justo Abel” hasta hoy, los hijos del Rey de Justicia, y los “príncipes” que entre ellos presiden en juicio, han vivido en medio de un ambiente contrario y negativo como lo es aquí “el reino de injusticia”, sobre este reino preside “el dios de este siglo”, y sus integrantes son las multitudes de humanos que no reconocen a Dios, y que por lo tanto no le temen ni le sirven. En este ambiente la injusticia reina, y las multitudes de sus víctimas son la prueba innegable de ello, injusticias en los gobiernos, en todos los países y en todos los niveles de los mismos, injusticias en las cortes, por manos de jueces corruptos quienes se supone que están para impartir justicia y hacen lo contrario, injusticias con las masas humanas de las clases pobres, por manos de los dueños del dinero, y de los que poseen autoridad en distintas formas sobre las multitudes.
Mas también reina la injusticia en las multitudes entre los individuos, entre los matrimonios, entre las familias, entre los barrios y pueblos, entre las razas, imposible sería el describir específicamente todas las formas de injusticias que prevalecen entre nuestros propios medios y alrededor del mundo entero. Y esto dicho, no es solamente un comentario filosófico, sino una triste y desesperante realidad que consta a cada uno de los que estos artículos leyeren; mayormente si el lector es o ha sido víctima del “reino de injusticias” en una u otra forma. El que los integrantes de ese reino hagan injusticias sin importarles y sin tener mala conciencia por ello, no debe de extrañarnos, pero el ver que hagan lo injusto los integrantes del “Reino de Justicia” sin tener mala conciencia de ello, esto es lo triste y doloroso. Mas debemos de entender que a éstos precisamente es a los que el Espíritu Santo se refiere, al decir que tienen “cauterizada la conciencia”, para ellos es el mensaje de reprensión que leemos a lo largo de todo el Libro Santo, para ellos es también lo que basado en esa Santa Palabra aquí escribo.
El mensaje del Rey de Justicia no es para los que no le conocen, por la sencilla razón de que Dios no les habla a los que Él sabe que no le van a oír, y mucho menos a hacerle caso, las listas de injusticias y de pecados que el Espíritu Santo señala en diferentes partes del Libro Santo, y más particularmente en el Nuevo Testamento (como Rom. 1:18-32, Gál. 5:19-21, Stg. 4:1-4 y las demás), no están dirigidas al mundo incrédulo sino a los integrantes del “Reino de Justicia”, son la voz de Dios dirigida a los que profesamos conocer y servir al Rey de Justicia, a Jesucristo el Señor, para que sabiendo bien Su voluntad por Su Palabra, caminemos con Su ayuda siguiendo el ejemplo que Él nos marcó al venir en carne y vivir aquí haciendo justicia en medio de un mundo lleno de injusticia.
Mas también reina la injusticia en las multitudes entre los individuos, entre los matrimonios, entre las familias, entre los barrios y pueblos, entre las razas, imposible sería el describir específicamente todas las formas de injusticias que prevalecen entre nuestros propios medios y alrededor del mundo entero. Y esto dicho, no es solamente un comentario filosófico, sino una triste y desesperante realidad que consta a cada uno de los que estos artículos leyeren; mayormente si el lector es o ha sido víctima del “reino de injusticias” en una u otra forma. El que los integrantes de ese reino hagan injusticias sin importarles y sin tener mala conciencia por ello, no debe de extrañarnos, pero el ver que hagan lo injusto los integrantes del “Reino de Justicia” sin tener mala conciencia de ello, esto es lo triste y doloroso. Mas debemos de entender que a éstos precisamente es a los que el Espíritu Santo se refiere, al decir que tienen “cauterizada la conciencia”, para ellos es el mensaje de reprensión que leemos a lo largo de todo el Libro Santo, para ellos es también lo que basado en esa Santa Palabra aquí escribo.
El mensaje del Rey de Justicia no es para los que no le conocen, por la sencilla razón de que Dios no les habla a los que Él sabe que no le van a oír, y mucho menos a hacerle caso, las listas de injusticias y de pecados que el Espíritu Santo señala en diferentes partes del Libro Santo, y más particularmente en el Nuevo Testamento (como Rom. 1:18-32, Gál. 5:19-21, Stg. 4:1-4 y las demás), no están dirigidas al mundo incrédulo sino a los integrantes del “Reino de Justicia”, son la voz de Dios dirigida a los que profesamos conocer y servir al Rey de Justicia, a Jesucristo el Señor, para que sabiendo bien Su voluntad por Su Palabra, caminemos con Su ayuda siguiendo el ejemplo que Él nos marcó al venir en carne y vivir aquí haciendo justicia en medio de un mundo lleno de injusticia.
Los príncipes del Reino
Mas gracias al Señor que siempre ha obrado para que haya en Su reino quienes hagan justicia, y estos son los “príncipes (que) presidirán en juicio (justicia)” que profetizó Isaías, hombres de Dios, imperfectos ciertamente, pero en cuyo corazón está el intenso anhelo de vivir justamente, y como “Príncipes del Reino de Justicia”, juzgar justo juicio. Esto no solamente entre su propio pueblo, mas también entre todos aquellos a quienes su bendición alcanzare, estos “Príncipes del Reino de Justicia” caminan siguiendo fielmente los pasos del Rey, ministros verdaderos de Dios, humildes pastores del rebaño de Jesucristo el Señor. Estos servidores no pertenecen a ningún grupo o denominación particular, su llamamiento para hacer justicia es altamente espiritual, y por lo tanto opera por encima de las muchas pasiones y políticas que les rodean. Su lugar como “Príncipes del Reino de Justicia”, no es un “título oficial”, sino un lugar de honra netamente espiritual, que con su actuación justa han ganado en el corazón de los pocos o muchos a quienes sirven, hombres fieles, quienes al pasar de los años han convencido tanto a Dios como a quienes han servido, hombres de Dios, cuya determinación de vivir y anunciar justicia ha sido probada. Estos fieles pastores que apacientan “la grey de Dios... no como teniendo señorío sobre las heredades del Señor” (1 Ped. 5:1-4), son “dechados” entre “El Reino”, ellos son cual espejos de la misma Divinidad, en cuyas vidas se refleja maravillosamente “este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Léase toda la porción en Fil. 2:3-5). Estos no son multitudes sino más bien el remanente fiel, parte de la “manada pequeña” de que nos habla nuestro Rey. Estos “Príncipes del Reino de Justicia” han sido en todas las edades y hasta hoy, esos “ministros de Dios” a quienes se refiere el apóstol Pablo, en cuya vida están cumplidos muchos de los distintivos que el apóstol describe en 2 Corintios 6:4-10. ¿Quiénes son? ¿Cuántos son? ¿En dónde están?, lo sabe, en primer lugar, el Rey de Justicia, pero también lo saben aquellos integrantes del “Reino” quienes tienen la bendición de ser ministrados por estos “príncipes”.
Estos ministros de Dios, no reclaman aquí honras, títulos, reconocimientos, beneficios o más, inclusive, los que están por Dios contados en este número, al estar leyendo esto, aun con lágrimas delante del Rey, se consideran indignos de semejante honor. Mas esa actitud, es precisamente la prueba de que son “Príncipes del Reino de Justicia”. Daniel dice de estos: “Y los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan a justicia la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” (Dn. 12:3).
Estos ministros de Dios, no reclaman aquí honras, títulos, reconocimientos, beneficios o más, inclusive, los que están por Dios contados en este número, al estar leyendo esto, aun con lágrimas delante del Rey, se consideran indignos de semejante honor. Mas esa actitud, es precisamente la prueba de que son “Príncipes del Reino de Justicia”. Daniel dice de estos: “Y los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan a justicia la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” (Dn. 12:3).
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