Autor: Pastor Efraim Valverde, Sr.
Revista Maranatha Edición de Enero 2012 página 5.
Revista Maranatha Edición de Enero 2012 página 5.
“Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de Aquel que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9)
UN COMENTARIO INTRODUCTORIO
Las cosas, los objetos, las joyas, y el mismo dinero, no tienen ningún valor por sí mismos, sino que su valor consiste en el aprecio que para aquello hubiere en la mente de quien o quienes los poseyeren, muchos sistemas monetarios que en un tiempo han tenido un gran valor, al pasar del tiempo lo han perdido. Cuando estuve por primera vez en Israel, quise traer de regreso un obsequio para todos mis hermanos, y compré por dos dólares un paquete de 500 monedas devaluadas.
Una prueba sencilla pero irrefutable de lo dicho la podemos ver fácilmente en el niño de tres años que ciertamente ya sabe que el billete que se le da es dinero, pero su mente no tiene aún la suficiente capacidad para distinguir la diferencia del valor del billete de un dólar, de otro de veinte, repito, pues que el valor de todo está en nuestra mente, (Hoy mismo leía en una revista secular que el valor del oro ha estado menguando últimamente).
Una prueba sencilla pero irrefutable de lo dicho la podemos ver fácilmente en el niño de tres años que ciertamente ya sabe que el billete que se le da es dinero, pero su mente no tiene aún la suficiente capacidad para distinguir la diferencia del valor del billete de un dólar, de otro de veinte, repito, pues que el valor de todo está en nuestra mente, (Hoy mismo leía en una revista secular que el valor del oro ha estado menguando últimamente).
Por lo tanto, ten bien presente mi estimado hermano lector, esta verdad innegable: Todo lo que pudiéremos poseer aquí, está en nuestra mente, pues para entender el mensaje que el Espíritu Santo tiene para ti y para mí, basado en la Escritura citada al principio de este escrito, es imperativo que estés convencido de la verdad aludida, e otra manera, ni caso tiene que sigas leyendo.
“El dios de este siglo” (2 Cor. 4.4), que es Satanás, el anticristo, conoce perfectamente las fluctuaciones de nuestra mente, así que durante todas las edades se ha aprovechado de esta inconsistencia muy humana aun entre el mismo pueblo del Señor, y ha logrado devaluar siempre en la mente de muchos hijos de Dios el tesoro por excelencia de que son dueños, este tesoro supremo, que precisamente Juan nos declara: “Ahora somos hijos de Dios” (1 Juan 3:2).
Esta operación negativa, que es común y aun en muchos aspectos necesaria entre la sociedad humana natural, ha obrado para perjuicio, tanto en Israel como también en la Iglesia, trayendo siempre ruina espiritual para “el Pueblo de los Santos del Altísimo” (Dan.7:27). El testimonio de lo dicho lo tenemos tanto en los escritos del Antiguo Testamento que describen la historia del pueblo de la Ley, como también en el Nuevo, donde el Señor y sus apóstoles advierten de continuo este peligro a los cristianos salvos ahora por gracia.
“El dios de este siglo” (2 Cor. 4.4), que es Satanás, el anticristo, conoce perfectamente las fluctuaciones de nuestra mente, así que durante todas las edades se ha aprovechado de esta inconsistencia muy humana aun entre el mismo pueblo del Señor, y ha logrado devaluar siempre en la mente de muchos hijos de Dios el tesoro por excelencia de que son dueños, este tesoro supremo, que precisamente Juan nos declara: “Ahora somos hijos de Dios” (1 Juan 3:2).
Esta operación negativa, que es común y aun en muchos aspectos necesaria entre la sociedad humana natural, ha obrado para perjuicio, tanto en Israel como también en la Iglesia, trayendo siempre ruina espiritual para “el Pueblo de los Santos del Altísimo” (Dan.7:27). El testimonio de lo dicho lo tenemos tanto en los escritos del Antiguo Testamento que describen la historia del pueblo de la Ley, como también en el Nuevo, donde el Señor y sus apóstoles advierten de continuo este peligro a los cristianos salvos ahora por gracia.
¿QUIÉN ES EN REALIDAD LA IGLESIA DEL SEÑOR?
Para iniciar esta enseñanza tenemos forzosamente que volver a considerar la pregunta sobre lo que muchas veces ya he disertado y escrito: ¿Quién es en realidad la Iglesia del Señor?, la respuesta básica y fundamental es la misma, la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo es solamente UNA, y es de Él (Léase Mat.16:18).
La Iglesia Del Señor NO consiste en cierta o cual organización político-religiosa que es lo que el mundo comúnmente reconoce.
La Iglesia del Señor no consiste en cierta o cual denominación u organización político-religiosa, que es lo que el mundo comúnmente reconoce, la Iglesia es el conjunto universal de hijos de Dios, quienes habiendo sido lavados con la Sangre del Cordero, han servido y sirven al Señor en diferentes tiempos y lugares con todas las fuerzas de su corazón. La lista de estos cristianos fieles, quienes integran la membrecía de ese conjunto universal, está en el control absoluto del Dueño de la Iglesia. Y Pablo apóstol nos confirma esto, diciendo: “Conoce el Señor a los que son suyos” (2 Tim. 2:19). “Estos son los que con mujeres (denominaciones) no fueron contaminados, porque son vírgenes, esos son los que siguen al Cordero por donde quiera que fuere”. “Estos fueron comprados de entre los hombres por primicias para Dios y para el Cordero, y en sus bocas, no ha sido hallado engaño, porque ellos son sin mácula delante del Trono de Dios” (Apoc. 14:4-5). Hay quienes han interpretado que estos son un conjunto misterioso de súper-cristianos de una casta superior, perfectos en el sentido natural, un grupo en el cual los “cristianos regulares” no podemos tener parte, inclusive han existido y existen hoy organizaciones autodenominadas cristianas, cuyos líderes reclaman ser estos integrantes superiores y súper-especiales, y el pueblo que los sigue obedece ciegamente sus torcidas enseñanzas y aprueban semejante blasfemia.
La realidad es que ese conjunto descrito por el Espíritu Santo, son los fieles seguidores del Señor que ya mencioné antes, cristianos sinceros, humildes y verdaderos, quienes, rodeados aquí de pruebas, de tentaciones y de flaquezas, caminan cada día con Dios venciendo su carne y a las “milicias espirituales en los aires” (Ef. 6:12). “Por la Sangre del Cordero, y por la Palabra de su testimonio; y no han amado sus vidas hasta la muerte” (Apoc. 12:11).
Tu mi Hermano(a), que amas al Señor con todas las fuerzas de tu ser, que has caminado experimentado duras pruebas y tremendas aflicciones al paso de los años, pero que hasta hoy estas en pie, tú, quien, habiendo sido marcado por Dios, “gimes y clamas” (Ez. 9.4), y caminas “andando y llorando” (Sal. 126:6), y te has ocupado hasta hoy en tu salvación con “temor y temblor” (Fil. 2:12), ¡tú estás contado en ese número especial, pues eres miembro de Su Iglesia!
La realidad es que ese conjunto descrito por el Espíritu Santo, son los fieles seguidores del Señor que ya mencioné antes, cristianos sinceros, humildes y verdaderos, quienes, rodeados aquí de pruebas, de tentaciones y de flaquezas, caminan cada día con Dios venciendo su carne y a las “milicias espirituales en los aires” (Ef. 6:12). “Por la Sangre del Cordero, y por la Palabra de su testimonio; y no han amado sus vidas hasta la muerte” (Apoc. 12:11).
Tu mi Hermano(a), que amas al Señor con todas las fuerzas de tu ser, que has caminado experimentado duras pruebas y tremendas aflicciones al paso de los años, pero que hasta hoy estas en pie, tú, quien, habiendo sido marcado por Dios, “gimes y clamas” (Ez. 9.4), y caminas “andando y llorando” (Sal. 126:6), y te has ocupado hasta hoy en tu salvación con “temor y temblor” (Fil. 2:12), ¡tú estás contado en ese número especial, pues eres miembro de Su Iglesia!
LA VOCACIÓN SUPREMA DE LA IGLESIA
Hemos considerado ya en forma breve quien es en verdad la Iglesia del Señor aquí en la tierra. Podemos ver, por las pocas Escrituras citadas, que la Iglesia no es lo que comúnmente se cree: “el montón” de cristianos mediocres, que caminan como a ellos les parece, o como sienten, obedeciendo al Señor en aquellas cosas que a ellos les gusta o están de acuerdo, e ignorándolo cuando a su carne no le agrada lo que El les ordena por Su Palabra. No es con esta clase de cristianos con los que la Iglesia pudiera cumplir aquí su misión. Pues al examinar detenidamente la Palabra de Dios, vemos que el Señor tiene un propósito definido y único, para este conjunto que El mismo llama “Su Iglesia”.
De acuerdo con lo que se nos declara en el Libro Santo, tenemos que aceptar el hecho de que este conjunto debe y tiene que estar integrado precisamente por esos seres “súper-especiales”, que el Espíritu Santo señala en la Escritura antes citada, como seres que, aunque siendo humanos imperfectos, no pueden ni deben de vivir aquí igual que el resto de la humanidad.
Pues somos nosotros los que habiendo estado dispuestos para seguir “al Cordero por donde quiera que fuere” (Apoc. 14:4), “negándonos a nosotros mismos” (Luc. 9:23), a quienes ha querido el Señor descubrirnos “el misterio de Su voluntad, según Su beneplácito, que se había propuesto en Sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Ef. 1:9-10).
Pues inclusive está escrito: “cosas que ojo no vio, ni oreja oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para aquellos que le aman, pero que Dios lo reveló a nosotros por el Espíritu” (1 Cor. 2:9 y 10.).
Esto último lo dice el Apóstol Pablo, como uno de esos seres “súper especiales”, y él es también quien nos dice: “que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la Iglesia a los principados y potestades en los cielos” (Ef. 3:10).
Estas declaraciones con respecto al ministerio de la Iglesia aquí, están tremendas. Pero solo pueden reconocer esto los cristianos “que no andan conforme a la carne, más conforme al espíritu” (Rom. 8:1) Pues a estos se dirige nuestro apóstol cuando dice: “Por tanto dejando la palabra del comienzo de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección...etc.”
Porque la voluntad del Señor es que los integrantes verdaderos de Su Iglesia crezcan en madurez y conocimiento de las maravillosas verdades reveladas en Su Palabra. Al pasar los años no podemos ni debemos quedarnos en el mensaje elemental del arrepentimiento, del bautismo, de hablar en nuevas lenguas, etc.
De acuerdo con lo que se nos declara en el Libro Santo, tenemos que aceptar el hecho de que este conjunto debe y tiene que estar integrado precisamente por esos seres “súper-especiales”, que el Espíritu Santo señala en la Escritura antes citada, como seres que, aunque siendo humanos imperfectos, no pueden ni deben de vivir aquí igual que el resto de la humanidad.
Pues somos nosotros los que habiendo estado dispuestos para seguir “al Cordero por donde quiera que fuere” (Apoc. 14:4), “negándonos a nosotros mismos” (Luc. 9:23), a quienes ha querido el Señor descubrirnos “el misterio de Su voluntad, según Su beneplácito, que se había propuesto en Sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Ef. 1:9-10).
Pues inclusive está escrito: “cosas que ojo no vio, ni oreja oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para aquellos que le aman, pero que Dios lo reveló a nosotros por el Espíritu” (1 Cor. 2:9 y 10.).
Esto último lo dice el Apóstol Pablo, como uno de esos seres “súper especiales”, y él es también quien nos dice: “que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la Iglesia a los principados y potestades en los cielos” (Ef. 3:10).
Estas declaraciones con respecto al ministerio de la Iglesia aquí, están tremendas. Pero solo pueden reconocer esto los cristianos “que no andan conforme a la carne, más conforme al espíritu” (Rom. 8:1) Pues a estos se dirige nuestro apóstol cuando dice: “Por tanto dejando la palabra del comienzo de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección...etc.”
Porque la voluntad del Señor es que los integrantes verdaderos de Su Iglesia crezcan en madurez y conocimiento de las maravillosas verdades reveladas en Su Palabra. Al pasar los años no podemos ni debemos quedarnos en el mensaje elemental del arrepentimiento, del bautismo, de hablar en nuevas lenguas, etc.
EL PRIVILEGIO DE SER LOS ANUNCIADORES
Es cierto que “la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3), principió con la declaración del bautismo en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, y con el derramamiento del Espíritu Santo (Hechos. 2:38-39). Pero Dios usó a Sus apóstoles (y de una manera más particular al apóstol Pablo, lo cual el mismo apóstol Pedro reconoce en su 2da. Epístola 3:15), para declararnos un número de misterios que de otra manera nosotros nunca hubiéramos podido conocer ni entender.
En el texto citado el apóstol Pablo nos habla de la “multiforme sabiduría de Dios”, dándonos a entender que son muchas las verdades y los misterios de esa sabiduría divina, luego declara algo que a primera vista puede parecer increíble y esto es, que esta sabiduría de Dios tiene que ser “ahora notificada por la Iglesia” no nomás en el mundo, mas también “a los principados y potestades en los cielos”. Pues en estos mensajes de revelación y sabiduría divina, encomendados a los integrantes de la Iglesia para que los anunciemos, son “en los cuales (aun) desean mirar los ángeles” (1 Pedro 1:12), porque no les dio Dios a los ángeles el supremo privilegio de anunciar “el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo” (Ef. 3:8), sino a los que hemos sido “comprados de entre los hombres, por primicias para Dios y el Cordero”, a hombres (y mujeres) no justos de nosotros mismos, más justificados por la Gracia de Jesucristo el Señor, y la Sangre de su Cruz.
Y aquí está precisamente la idea central de este mensaje: ¿cómo va hacer su trabajo la Iglesia si sus integrantes no saben más que lo elemental, solamente el “comienzo en la doctrina de Cristo”? ¿Cómo van a cumplir con el tremendo ministerio que tenemos encomendado si en sus mentes no están, o no saben valorar, lo maravilloso de los mensajes de “la multiforme sabiduría de Dios”?
Hoy bendigo a mi Dios por cuanto a través ya de una larga vida, habiendo pasado por incontables experiencias, en medio de limitaciones, de contrariedades, de duras pruebas, de tribulaciones y aflicciones, a mi Señor le ha placido darme luz y revelación en Su Palabra sobre muchos misterios y verdades de esa multiforme sabiduría de Dios que por la Iglesia debe ahora ser notificada.
Para este tiempo el Señor me ha concedido que una gran parte de esos mensajes, estudios y explicaciones, tanto proféticos como doctrinales, hayan sido ya puestos en letra y en grabaciones para ayuda y edificación de los santos, y para equipar a los soldados que se lanzan a pelear “la buena batalla”.
Los temas que enumero a continuación están en libros que para estas fechas han llegado ya hace tiempo a las manos de muchos hijos de Dios quienes han recibido luz sobre lo mismo, y hoy con profunda convicción anuncian también estas verdades.
En el texto citado el apóstol Pablo nos habla de la “multiforme sabiduría de Dios”, dándonos a entender que son muchas las verdades y los misterios de esa sabiduría divina, luego declara algo que a primera vista puede parecer increíble y esto es, que esta sabiduría de Dios tiene que ser “ahora notificada por la Iglesia” no nomás en el mundo, mas también “a los principados y potestades en los cielos”. Pues en estos mensajes de revelación y sabiduría divina, encomendados a los integrantes de la Iglesia para que los anunciemos, son “en los cuales (aun) desean mirar los ángeles” (1 Pedro 1:12), porque no les dio Dios a los ángeles el supremo privilegio de anunciar “el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo” (Ef. 3:8), sino a los que hemos sido “comprados de entre los hombres, por primicias para Dios y el Cordero”, a hombres (y mujeres) no justos de nosotros mismos, más justificados por la Gracia de Jesucristo el Señor, y la Sangre de su Cruz.
Y aquí está precisamente la idea central de este mensaje: ¿cómo va hacer su trabajo la Iglesia si sus integrantes no saben más que lo elemental, solamente el “comienzo en la doctrina de Cristo”? ¿Cómo van a cumplir con el tremendo ministerio que tenemos encomendado si en sus mentes no están, o no saben valorar, lo maravilloso de los mensajes de “la multiforme sabiduría de Dios”?
Hoy bendigo a mi Dios por cuanto a través ya de una larga vida, habiendo pasado por incontables experiencias, en medio de limitaciones, de contrariedades, de duras pruebas, de tribulaciones y aflicciones, a mi Señor le ha placido darme luz y revelación en Su Palabra sobre muchos misterios y verdades de esa multiforme sabiduría de Dios que por la Iglesia debe ahora ser notificada.
Para este tiempo el Señor me ha concedido que una gran parte de esos mensajes, estudios y explicaciones, tanto proféticos como doctrinales, hayan sido ya puestos en letra y en grabaciones para ayuda y edificación de los santos, y para equipar a los soldados que se lanzan a pelear “la buena batalla”.
Los temas que enumero a continuación están en libros que para estas fechas han llegado ya hace tiempo a las manos de muchos hijos de Dios quienes han recibido luz sobre lo mismo, y hoy con profunda convicción anuncian también estas verdades.
ENUMERACION DE MISTERIOS Y VERDADES
- El principal y más maravilloso de estos misterios revelados, es el de la Unicidad en la Deidad; el entender que nuestro Dios es solamente UNO, no es dos ni es tres (Deut. 6:4).
- El misterio de la manifestación de Dios en carne; no de una Segunda persona sino de Dios mismo (1 Tim. 3:16 y 2 de Cor. 5:19).
- Entender que “Dios es Espíritu” (Juan 14:8-11) y que el “El Hijo” es Su Imagen (Heb. 1:3).
- Saber que “El Hijo” no principio en Belén, mas es desde “el principio” (Juan1:1 y Col. 1:15-17 y Apoc. 3:14).
- La declaración del Nombre Supremo de Dios, que es el único Nombre en el cual hay salvación. (Mat. 1:21 y Hech. 4:12 y Fil. 2:9-11).
- Entender que la humanidad del Señor Jesús fue de origen diferente que los demás humanos. (Heb. 7:26).
- ¿Quienes somos los hijos de Dios?, ¿de dónde venimos?, ¿que hacemos aquí?, y a dónde vamos? (Juan 10:34-35 y Heb. 2:14 y Juan 3:2).
- El misterio de la primera resurrección (Dan. 12:2; 1 Cor. 15:51-52 y 1 Tes. 4:16).
- Quien es Israel (Ex. 4:22), y el misterio de la relación de Israel con la Iglesia entre los gentiles. (Juan 4:22 y Rom. 11:25).
- Cual es “el misterio de iniquidad”, del dios que se hace parecer Dios (2 Tes. 2:7).
- ¿Quién es en realidad el anticristo? (1 Juan 4:3).
- Que es realmente “la marca de la bestia” (1 Juan 3:10-15), y cuál es la marca de Dios. (Ez. 9:4).
- La “Jerusalén celestial” no es una ciudad de piedras frías sino de “piedras vivas”, (Heb. 12:22 y 1 Pedro 2:5 y Apoc. 21:9-10).
- Una cosa es “nacer de Dios” (1 Juan 5:18, y “nacer otra vez” o “nacer del Espíritu” (Juan 3:3 y 5), y otra cosa es recibir el don, o sea “la virtud del Espiritu Santo” (Hech. 1:8 y 2:38-39).
- Las Lenguas son la señal exterior de este don (10:46 y 19:6), pero si no están los frutos del Espíritu” las lenguas de nada sirven (Gál. 5:22-23 y 1 Cor. 13:1-3).
- La verdadera gracia de Dios es maravillosa, pero la gracia con las leyes y reglamentos humanos trae ruina.
- “El Tribunal de Cristo” (2 Cor. 5:10) principia en esta vida aquí, y terminar siendo fiel, “ya no hay ninguna condenación” (Rom. 8:1).
- Los “dos testigos” (Apoc. 11:3) son dos varones que representan dos pueblos; Moisés al Israel fiel y Elías a la Iglesia fiel.
- La mujer “vestida del sol” (Apoc. 12:1). No es María. Es la raza Judía, Israelita, que tiene gloria (Rom. 9:4).
- La primera mitad de la septuagésima (70) semana de Daniel (Dan. 7:24-27), es literal de año por día. Mas la última mitad es la era de la gracia, el tiempo de los Gentiles. Los misterios y verdades descritas, y otros temas más, son parte de “la multiforme sabiduría de Dios” que la Iglesia tiene ahora que notificar.
¿QUÉ HAREMOS CON ESTAS REVELACIONES?
En el texto Bíblico inicial se nos dice que los verdaderos miembros de la Iglesia somos “Linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido”. ¿Pero, para qué? ¿Para cumplir ciertos compromisos humanos, y para quedar bien con ciertos o cuales personajes religiosos? ¡NO! más con el propósito principal señalado por nuestro mismo Dios de que anunciemos sus virtudes.
Y ahora pregunto: ¿Es en eso en lo que vivimos ocupados los que hemos conocido esas virtudes y verdades que a nosotros nos han sacado de la oscuridad del engaño y de la ignorancia espiritual? ¿Estamos vendidos a tal grado ante Aquel quien ha “alumbrado los ojos de nuestro entendimiento para saber cuál sea la esperanza de nuestra vocación, y cuales las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos”? (Ef. 1:18).
Vuelvo a insistir en el hecho de que es un privilegio supremo el ser parte de este “Linaje escogido”, pero como el valor de ello, repito, está en la mente, me consta que en estos tiempos y lugares hay una grande mayoría de profesantes cristianos para quienes este privilegio, y el propósito Divino correspondiente (con dolor lo digo), son cosas de mínima importancia en sus mentes. Mas ya de mucho tiempo y hasta este día, se sigue oyendo la voz de mi Dios que pregunta: ¿A quién enviaré, y quién ira? (Is. 6:8).
Al citar esta Escritura una vez más, mi Señor sabe que lo hago llorando por cuanto veo que los oídos de esa grande mayoría entre los integrantes de este “linaje escogido” están cerrados para no oír este llamado Divino, integrantes del “real sacerdocio” a quienes el Señor ha dado el privilegio de poder oír y entender las maravillosas verdades de “la multiforme sabiduría de Dios”, pero para quienes estas verdades y misterios revelados han perdido su supremo valor.
De la misma manera como en la mente en lo natural aumenta o disminuye el valor y aprecio a las cosas o personas, acontece también en valores espirituales, pues estando en carne los hijos de Dios, podemos en nuestra mente darle su debido valor al tesoro de conocimientos que tenemos, o podemos dejar que pierda su precio o que pierda completamente su valor, y “el dios de este siglo” (2 Cor. 4:4) que es Satanás, el anticristo, conociendo a la perfección esta debilidad humana, se ha aprovechado de ella para cegar los entendimientos (las mentes) de los cristianos descuidados para que pierdan la noción de su llamamiento, y ya cegados olviden que el propósito principal de los hijos de Dios al vivir aquí, es para que anunciemos “las virtudes de Aquel que nos ha llamado de las tinieblas a Su luz admirable”.
Y ahora pregunto: ¿Es en eso en lo que vivimos ocupados los que hemos conocido esas virtudes y verdades que a nosotros nos han sacado de la oscuridad del engaño y de la ignorancia espiritual? ¿Estamos vendidos a tal grado ante Aquel quien ha “alumbrado los ojos de nuestro entendimiento para saber cuál sea la esperanza de nuestra vocación, y cuales las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos”? (Ef. 1:18).
Vuelvo a insistir en el hecho de que es un privilegio supremo el ser parte de este “Linaje escogido”, pero como el valor de ello, repito, está en la mente, me consta que en estos tiempos y lugares hay una grande mayoría de profesantes cristianos para quienes este privilegio, y el propósito Divino correspondiente (con dolor lo digo), son cosas de mínima importancia en sus mentes. Mas ya de mucho tiempo y hasta este día, se sigue oyendo la voz de mi Dios que pregunta: ¿A quién enviaré, y quién ira? (Is. 6:8).
Al citar esta Escritura una vez más, mi Señor sabe que lo hago llorando por cuanto veo que los oídos de esa grande mayoría entre los integrantes de este “linaje escogido” están cerrados para no oír este llamado Divino, integrantes del “real sacerdocio” a quienes el Señor ha dado el privilegio de poder oír y entender las maravillosas verdades de “la multiforme sabiduría de Dios”, pero para quienes estas verdades y misterios revelados han perdido su supremo valor.
De la misma manera como en la mente en lo natural aumenta o disminuye el valor y aprecio a las cosas o personas, acontece también en valores espirituales, pues estando en carne los hijos de Dios, podemos en nuestra mente darle su debido valor al tesoro de conocimientos que tenemos, o podemos dejar que pierda su precio o que pierda completamente su valor, y “el dios de este siglo” (2 Cor. 4:4) que es Satanás, el anticristo, conociendo a la perfección esta debilidad humana, se ha aprovechado de ella para cegar los entendimientos (las mentes) de los cristianos descuidados para que pierdan la noción de su llamamiento, y ya cegados olviden que el propósito principal de los hijos de Dios al vivir aquí, es para que anunciemos “las virtudes de Aquel que nos ha llamado de las tinieblas a Su luz admirable”.
HAY QUIENES VALORAN ESTE TESORO
Dios nunca se ha quedado sin testimonio, y ha hecho siempre y hasta ahora, así como le dijo al Profeta Elías: “Yo haré que queden en Israel siete mil rodillas que no se han encorvado a Baal, y bocas que no lo besaron” (1 Re. 19:18). En todos los tiempos de la edad de Iglesia han estado, y están hasta hoy, el número simbólico de “aquellos 144,000 los cuales fueron comprados de entre los de la tierra…los que con mujeres (las falsas iglesias) no fueron contaminados, porque son vírgenes”: Humildes, sinceros, “sin fingimientos” (1Pedro 2:1). “Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que Él fuere, no solamente “en delicados pastos”, también “en el valle de sombra y de muerte” (Sal. 23:2 y 4). Para los integrantes de este “Linaje escogido, real Sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido”, el objetivo mayor en sus vidas es anunciar “las virtudes de Aquel que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable”, y no solamente de las tinieblas del pecado donde muchos vivimos antes, más aun, de algo más profundo, como lo son las tinieblas de las doctrinas falsas, y la ignorancia de las verdades Divinas en la que en otro tiempo muchos caminamos.
En este número especial de agradecidos no cabe el orgullo, la soberbia, ni las vanidades. No cabe, el odio y el aborrecimiento, la envidia y las rivalidades.
Este conjunto de hombres y mujeres aman al Señor con una pasión profunda, y viven continuamente tratando de ajustar todos los aspectos de sus vidas a la regla del Espíritu: “nada hagáis por contienda ni por vanagloria, antes bien, en humildad no estimándonos inferiores los unos a los otros, no mirando cada uno a lo suyo propio, sino cada cual también a lo de los otros” (Fil 2:3-4).
Esta “gente santa” no busca beneficios humanos, ni busca riquezas materiales, aun como ministros del Señor no buscan el buscar gente para sí, ni tener y honores, ni reconocimiento y autoridad, pues son los pastores que “apacientan la grey de Dios….teniendo cuidado de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino de un ánimo pronto. Y no como teniendo señorío sobre las heredades del Señor, sino siendo ejemplos de la grey” (1 Pe. 5:2,3).
A Estos fieles ministros de Dios, y a todo el “linaje escogido”, el Espíritu Santo ha movido para que dirija este mensaje, pues estos son mis hermanos (muchos de ellos hijos en la fe), quienes alrededor del mundo caminan hoy “teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa” (Fil. 2:2), en las mentes de este “real sacerdocio” no mengua, antes aumenta cada día el aprecio por los tesoros de conocimiento recibidos de Dios, y son los que al igual que yo, “no estiman su vida preciosa para sí mismos” (Hech. 20:24). Estos hijos de Dios, en quienes está hoy el mismo sentir de esa entrega incondicional que hubo en los apóstoles y demás discípulos en el principio, son ese “real sacerdocio” a que se refiere el Apóstol Pedro. Estos somos los verdaderos miembros de la Iglesia del Señor, somos los que entendemos perfectamente que aquí nuestras vidas no nos pertenecen, por cuanto somos propiedad absoluta de Aquel que nos compró, nuestro privilegio es ser “esclavos” para hacer la voluntad de nuestro “Pontífice” (Heb. 8: 1).
En este número especial de agradecidos no cabe el orgullo, la soberbia, ni las vanidades. No cabe, el odio y el aborrecimiento, la envidia y las rivalidades.
Este conjunto de hombres y mujeres aman al Señor con una pasión profunda, y viven continuamente tratando de ajustar todos los aspectos de sus vidas a la regla del Espíritu: “nada hagáis por contienda ni por vanagloria, antes bien, en humildad no estimándonos inferiores los unos a los otros, no mirando cada uno a lo suyo propio, sino cada cual también a lo de los otros” (Fil 2:3-4).
Esta “gente santa” no busca beneficios humanos, ni busca riquezas materiales, aun como ministros del Señor no buscan el buscar gente para sí, ni tener y honores, ni reconocimiento y autoridad, pues son los pastores que “apacientan la grey de Dios….teniendo cuidado de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino de un ánimo pronto. Y no como teniendo señorío sobre las heredades del Señor, sino siendo ejemplos de la grey” (1 Pe. 5:2,3).
A Estos fieles ministros de Dios, y a todo el “linaje escogido”, el Espíritu Santo ha movido para que dirija este mensaje, pues estos son mis hermanos (muchos de ellos hijos en la fe), quienes alrededor del mundo caminan hoy “teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa” (Fil. 2:2), en las mentes de este “real sacerdocio” no mengua, antes aumenta cada día el aprecio por los tesoros de conocimiento recibidos de Dios, y son los que al igual que yo, “no estiman su vida preciosa para sí mismos” (Hech. 20:24). Estos hijos de Dios, en quienes está hoy el mismo sentir de esa entrega incondicional que hubo en los apóstoles y demás discípulos en el principio, son ese “real sacerdocio” a que se refiere el Apóstol Pedro. Estos somos los verdaderos miembros de la Iglesia del Señor, somos los que entendemos perfectamente que aquí nuestras vidas no nos pertenecen, por cuanto somos propiedad absoluta de Aquel que nos compró, nuestro privilegio es ser “esclavos” para hacer la voluntad de nuestro “Pontífice” (Heb. 8: 1).
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