Autor: Pastor Efraim Valverde, Sr.
Revista Maranatha Edición de Octubre 2014 página 11.
Revista Maranatha Edición de Octubre 2014 página 11.
“En el mundo tendréis aflicción”
Capítulo 21 del Libro “Adoradores”
Nuestro Señor Jesucristo, en Su segunda Venida, viene a levantar “una Iglesia que no tuviere mancha ni arruga, ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Ef. 5:27). Así como desde la antigüedad Dios usó la tribulación en diferentes formas y tiempos para limpiar a Su pueblo Israel, también la ha usado en diferentes formas y tiempos para limpiar a Su Iglesia. En los primeros siglos de la existencia de ésta, el Señor usó las terribles persecuciones de que nos da razón la historia para impedir que la apostasía se manifestara abiertamente entre el cristianismo. En los siglos subsiguientes, la historia nos dice que siguió repitiéndose el mismo ciclo, ahora también, en el tiempo del fin, Dios sigue usando la misma “medicina” para purificar a Su Iglesia y prepararla así para el día de Su Venida.
La ganancia que el anticristo ha sacado con las teorías erróneas del futurismo ha sido, precisamente, el engañar a multitud de cristianos, diciéndoles que están llamados para no sufrir.
Esta operación sancionada por Dios, ha sido ya una realidad durante este siglo XX entre un segmento muy considerable de la cristiandad, muy particularmente en los países con gobiernos ateístas y totalitarios. Multitud de creyentes en el Señor han sido llevados al martirio y a la muerte en estos últimos tiempos y muchos son, también, los que están hoy sufriendo y siendo martirizados por su fe. Muchos cristianos en los lugares del mundo donde no ha llegado aún la tribulación para los hijos de Dios, no creen que va a llegar también allí — particularmente en el “mundo Occidental”—. La ganancia que el anticristo ha sacado con las teorías erróneas del futurismo ha sido, precisamente, el engañar a multitud de cristianos, diciéndoles que están llamados para no sufrir. Cuando el sufrimiento llegue los va a encontrar descuidados.
Algunos de nuestros hermanos mártires que han salido o escapado de países donde hay persecución hoy, nos han dado razón de testimonios que para los cristianos en estos lugares son increíbles. Cuando estos hermanos han oído, entre nuestros ambientes, la enseñanza de que los cristianos estamos llamados para no sufrir, nos han dicho: —“¡Qué bueno fuera que esas enseñanzas fueran ciertas!— pero nosotros, con lo que hemos vivido, nunca podremos creerlas y mucho menos aceptarlas”.
Conviene mencionar el caso de que a uno de estos hermanos mártires que pudo escaparse, al estar ya en América y ver la tibieza y la frivolidad en la vida de muchos cristianos y ministros aquí, el desengaño y el dolor fue tan grande que determinó regresarse a su lugar de origen a seguir sufriendo. La realidad es que, al igual que en todas las edades pasadas, Dios sigue siendo glorificado en el alto grado de fidelidad que produce en las vidas de Sus hijos el dolor, la aflicción y la tribulación. (Léase Romanos 5:3-5).
Algunos de nuestros hermanos mártires que han salido o escapado de países donde hay persecución hoy, nos han dado razón de testimonios que para los cristianos en estos lugares son increíbles. Cuando estos hermanos han oído, entre nuestros ambientes, la enseñanza de que los cristianos estamos llamados para no sufrir, nos han dicho: —“¡Qué bueno fuera que esas enseñanzas fueran ciertas!— pero nosotros, con lo que hemos vivido, nunca podremos creerlas y mucho menos aceptarlas”.
Conviene mencionar el caso de que a uno de estos hermanos mártires que pudo escaparse, al estar ya en América y ver la tibieza y la frivolidad en la vida de muchos cristianos y ministros aquí, el desengaño y el dolor fue tan grande que determinó regresarse a su lugar de origen a seguir sufriendo. La realidad es que, al igual que en todas las edades pasadas, Dios sigue siendo glorificado en el alto grado de fidelidad que produce en las vidas de Sus hijos el dolor, la aflicción y la tribulación. (Léase Romanos 5:3-5).
TESTIMONIO DEL HNO. WURMBRAN
En honor y memoria de los mártires modernos y para beneficio del lector, creo muy justo insertar a continuación algunas porciones del testimonio del Hno. Wurmbrand, ministro de Cristo en Rumania, su país natal. En Rusia nuestro Hno. Richard Wurmbrand pasó años de su ministerio en prisiones comunistas, divididos aquellos en tres diferentes tiempos en que fue arrestado por predicar en el nombre del Señor Jesús, habiendo salido libre la última vez solamente por un milagro directo de Dios —fue “comprada” su salida de detrás de “la cortina de hierro” por un grupo de cristianos noruegos. Estando ya en el Occidente, dio razón de su increíble testimonio desnudando, inclusive, su cuerpo hasta la cintura para enseñar sus dieciocho cicatrices profundas que le habían dejado las atroces torturas a que fue sometido durante su encarcelamiento. La prensa de Estados Unidos, de Europa y de Asia dio a conocer la dramática historia descrita en detalle ahora en un libro escrito por el Hno. Wurmbrand, en cuya introducción empieza diciendo:
“Traigo a todos los cristianos libres un mensaje de la Iglesia subterránea detrás de la cortina de hierro. La Iglesia subterránea, que tuve el honor de dirigir durante muchos años, decidió que yo tendría que hacer todo lo posible para llegar al mundo libre y entregarles a mis hermanos este urgente mensaje. Por un milagro extraordinario (que pueden leer con todo detalle en el libro, los que desearen), logré sobrevivir y llegar hasta aquí con ustedes. En este libro entrego el mensaje que me ha sido confiado por la fiel y sufrida Iglesia subterránea de los países comunistas (Pág. 42). Fui separado de mi esposa, ignoraba lo que podía haberle sucedido después de mi arresto. Solo después de muchos años vine a saber que ella también fue detenida. Las mujeres cristianas sufren mucho más que los hombres en las prisiones, las jóvenes han sido violadas por los guardias, la mofa, el escarnio y la obscenidad son espantosos. Se les obligaba a trabajos forzados en la construcción de un canal, exigiéndoles el mismo rendimiento que los hombres”.
“Prostitutas eran nombradas capataces, y entre ellas competían para ver cuál era la que podía maltratar a las cristianas. Mi esposa ha tenido que comer hierbas para poder sobrevivir. En la prisión, ratas y culebras eran devoradas por aquellas desdichadas y hambrientas mujeres. Una de las diversiones favoritas de los guardias, los domingos, consistía en arrojarlas al río y luego sacarlas en medio de las risotadas, mofándose de sus cuerpos, para volver a lanzarlas de nuevo al río. También mi esposa fue arrojada en esta misma forma. Mi hijo Mihai quedó vagando por las calles cuando sus padres fueron arrestados. A la edad de nueve años, tuvo que pasar por una crisis en su vida. A esa edad tenía ahora que pensar en problemas que generalmente otros niños no conocen, tenía qué pensar en la manera de poder ganarse la vida para poder sobrevivir, así se convirtió en un ser amargado, inseguro de su vida hasta que un día él también se entregó al Señor con la determinación de servirle aun a precio de martirio. Las personas que tratan de compadecerse de los niños abandonados de los cristianos presos, también son castigadas y aun encarceladas. Una señora que arriesgó su vida para dar alojamiento a mi hijo Mihai fue sentenciada a ocho años de prisión”. (Pág. 53). “En las celdas de confinamiento solitario no nos era posible orar como antes. Estábamos increíblemente hambrientos; nos habían dado drogas, hasta convertirnos en idiotas, estábamos tan débiles, que parecíamos esqueletos. La oración del Padre Nuestro era demasiado larga para nosotros; no podíamos concentrarnos lo suficiente como para recitarla, la única oración que podíamos repetir una y otra vez era: Señor Jesús, te amo… Al retroceder a ese periodo de 14 años que pasé en la prisión, recuerdo que muchas veces pasamos tiempos muy felices, tanto los carceleros como los demás prisioneros, se quedaban extrañados ante la alegría que solíamos demostrar los cristianos, a pesar de las más terribles circunstancias, no podíamos dejar de cantar, aunque fuésemos golpeados por hacerlo. Algunos cristianos hasta expresaban su gozo bailando. ¿Cómo podían ser tan felices en tan trágicas condiciones? Es que estos cristianos ahora se sienten privilegiados de haber sido escogidos por Dios para vivir las mismas experiencias que leemos en el libro de Los Hechos, que experimentaron al principio de la Iglesia nuestros hermanos apóstoles”.
(Pág. 72) “Sufro más ahora en el Occidente, que cuando vivía entre los comunistas. Mi sufrimiento consiste en que deseo vivir la belleza de la Iglesia perseguida; la Iglesia que sigue en forma verdadera a Cristo, el Señor. En el terreno comunista, el Hijo del Hombre y sus seguidores ‘no tienen en donde reposar su cabeza’. Los cristianos de estas regiones no construyen casas, ¿para qué? si serán confiscadas a la hora de ser arrestados sus dueños. El solo hecho de tener un cristiano, una casa nueva, es motivo suficiente para ser encarcelado, pues los comunistas lo arrestan con el deseo de quedarse con la casa. Allá no es posible enterrar a su padre, o de despedirse de sus familiares antes de seguir a Cristo. ¿Quién es su madre, su hermano o su hermana?, en este aspecto, uno ahí es como lo fue el Señor. Madre y hermanos son, para uno, los que cumplen la voluntad de Dios. ¿Pueden los lazos sentimentales valer algo cuando es muy común que una novia denuncie a su prometido, los niños a sus padres y las esposas a sus maridos? Lo único que allí permanece es la unión espiritual. La Iglesia subterránea es pobre y sufrida, pero no tiene miembros tibios. Un servicio religioso en ella es similar a los que se efectuaban en la Iglesia primitiva, hace ya más de mil novecientos años. El predicador no tiene estudios avanzados de teología, no conoce la homilética, como tampoco Pedro la conocía… Los versículos de la Biblia no son muy conocidos para los cristianos en los países comunistas porque las Biblias son muy escasas, además, es casi seguro que el ferviente predicador que uno está oyendo dar testimonio de sus poderosas experiencias en Cristo, ha pasado muchos años en la prisión, sin siquiera ver una Biblia... cualquiera que haya conocido la belleza espiritual de la Iglesia perseguida, nunca se va a conformar con el vacío y la frialdad que se encuentra en muchas iglesias de los países libres. Sufro más ahora aquí, que lo que sufrí en las prisiones comunistas, ahora he contemplado, con mis propios ojos, como las Iglesias en el Occidente se están muriendo”.
(Pág. 82) “Los hombres allí ordenados por Dios no han tenido ningún estudio teológico, y muchas veces saben muy poco de la Biblia. Pero así llevan adelante la obra de Cristo, el Señor. Es como la Iglesia de los primeros siglos. ¿A qué seminario asistió esa gente que estremeció al mundo en el nombre de Jesucristo?...
Nosotros, los de la Iglesia subterránea, no tenemos templo ni catedrales pero, ¿habrá catedral más hermosa que el cielo que observamos cuando nos reunimos en los bosques? , el cantar de los pájaros reemplaza al órgano, la fragancia de las flores es nuestro incienso, las ropas raídas de algún mártir recién salido de la prisión tienen la elegancia espiritual que no tienen los ropajes lujosos de los ministros del Occidente. Tenemos a la luna y las estrellas como nuestras luces, y los ángeles son los diáconos que las encienden. ¡Aleluya! ¡Jamás podré describir la hermosura de esta Iglesia!, a menudo, después de celebrar un culto en secreto, algunos cristianos son sorprendidos y enviados a la prisión. Allí los cristianos lucen sus cadenas con el gozo con que una novia luce la más linda joya regalada por su novio, en prisión los ánimos están tranquilos. Al recibir y sentir el beso y el abrazo de Dios, no cambiaría su condición ni por la de un rey. Yo he encontrado cristianos verdaderamente gozosos solamente en tres lugares: en la Biblia, en la Iglesia subterránea y en la prisión”.
(Pág. 119) “Por un milagro pude soportar y sobrevivir catorce años de prisión y de torturas, incluyendo dos años en una celda especial para los que se considera que están ya para morir. Por otro milagro aún más grande, Dios inexplicablemente me sacó de la prisión y me hizo llegar hasta el Occidente para hablarles a mis hermanos de la Iglesia libre. Ahora hablo en nombre de mis hermanos que yacen en innumerables e ignoradas tumbas, hablo también en nombre de mis hermanos que hoy se reúnen en forma secreta en bosques, sótanos, desvanes y otros lugares semejantes. La iglesia subterránea de Rumania acordó sacarme del país y enviar conmigo un mensaje a los cristianos libres del mundo, ahora estoy cumpliendo el encargo que me encomendaron los que permanecen allá trabajando, sufriendo, arriesgando sus vidas y muriendo en el martirio en medio de mucha tribulación”.
“El mensaje que traigo de parte de la Iglesia perseguida es: ¡Hermanos no nos abandonen! No se olviden de nosotros. No nos borren de sus mentes y de sus oraciones delante del Señor ¡Necesitamos Biblias, estamos dispuestos a pagar el precio que signifique usarlas! Mis hermanos, escuchen la voz de sus hermanos en persecución. Ellos no están pidiendo ayuda para huir de sus lugares. Solo piden que se les ayude para adquirir las armas necesarias para contrarrestar la influencia satánica del ateísmo, tanto en las mentes de la juventud como en la de los niños —las generaciones del futuro—. Piden Biblias para poder sembrar la palabra de Dios”.
“Traigo a todos los cristianos libres un mensaje de la Iglesia subterránea detrás de la cortina de hierro. La Iglesia subterránea, que tuve el honor de dirigir durante muchos años, decidió que yo tendría que hacer todo lo posible para llegar al mundo libre y entregarles a mis hermanos este urgente mensaje. Por un milagro extraordinario (que pueden leer con todo detalle en el libro, los que desearen), logré sobrevivir y llegar hasta aquí con ustedes. En este libro entrego el mensaje que me ha sido confiado por la fiel y sufrida Iglesia subterránea de los países comunistas (Pág. 42). Fui separado de mi esposa, ignoraba lo que podía haberle sucedido después de mi arresto. Solo después de muchos años vine a saber que ella también fue detenida. Las mujeres cristianas sufren mucho más que los hombres en las prisiones, las jóvenes han sido violadas por los guardias, la mofa, el escarnio y la obscenidad son espantosos. Se les obligaba a trabajos forzados en la construcción de un canal, exigiéndoles el mismo rendimiento que los hombres”.
“Prostitutas eran nombradas capataces, y entre ellas competían para ver cuál era la que podía maltratar a las cristianas. Mi esposa ha tenido que comer hierbas para poder sobrevivir. En la prisión, ratas y culebras eran devoradas por aquellas desdichadas y hambrientas mujeres. Una de las diversiones favoritas de los guardias, los domingos, consistía en arrojarlas al río y luego sacarlas en medio de las risotadas, mofándose de sus cuerpos, para volver a lanzarlas de nuevo al río. También mi esposa fue arrojada en esta misma forma. Mi hijo Mihai quedó vagando por las calles cuando sus padres fueron arrestados. A la edad de nueve años, tuvo que pasar por una crisis en su vida. A esa edad tenía ahora que pensar en problemas que generalmente otros niños no conocen, tenía qué pensar en la manera de poder ganarse la vida para poder sobrevivir, así se convirtió en un ser amargado, inseguro de su vida hasta que un día él también se entregó al Señor con la determinación de servirle aun a precio de martirio. Las personas que tratan de compadecerse de los niños abandonados de los cristianos presos, también son castigadas y aun encarceladas. Una señora que arriesgó su vida para dar alojamiento a mi hijo Mihai fue sentenciada a ocho años de prisión”. (Pág. 53). “En las celdas de confinamiento solitario no nos era posible orar como antes. Estábamos increíblemente hambrientos; nos habían dado drogas, hasta convertirnos en idiotas, estábamos tan débiles, que parecíamos esqueletos. La oración del Padre Nuestro era demasiado larga para nosotros; no podíamos concentrarnos lo suficiente como para recitarla, la única oración que podíamos repetir una y otra vez era: Señor Jesús, te amo… Al retroceder a ese periodo de 14 años que pasé en la prisión, recuerdo que muchas veces pasamos tiempos muy felices, tanto los carceleros como los demás prisioneros, se quedaban extrañados ante la alegría que solíamos demostrar los cristianos, a pesar de las más terribles circunstancias, no podíamos dejar de cantar, aunque fuésemos golpeados por hacerlo. Algunos cristianos hasta expresaban su gozo bailando. ¿Cómo podían ser tan felices en tan trágicas condiciones? Es que estos cristianos ahora se sienten privilegiados de haber sido escogidos por Dios para vivir las mismas experiencias que leemos en el libro de Los Hechos, que experimentaron al principio de la Iglesia nuestros hermanos apóstoles”.
(Pág. 72) “Sufro más ahora en el Occidente, que cuando vivía entre los comunistas. Mi sufrimiento consiste en que deseo vivir la belleza de la Iglesia perseguida; la Iglesia que sigue en forma verdadera a Cristo, el Señor. En el terreno comunista, el Hijo del Hombre y sus seguidores ‘no tienen en donde reposar su cabeza’. Los cristianos de estas regiones no construyen casas, ¿para qué? si serán confiscadas a la hora de ser arrestados sus dueños. El solo hecho de tener un cristiano, una casa nueva, es motivo suficiente para ser encarcelado, pues los comunistas lo arrestan con el deseo de quedarse con la casa. Allá no es posible enterrar a su padre, o de despedirse de sus familiares antes de seguir a Cristo. ¿Quién es su madre, su hermano o su hermana?, en este aspecto, uno ahí es como lo fue el Señor. Madre y hermanos son, para uno, los que cumplen la voluntad de Dios. ¿Pueden los lazos sentimentales valer algo cuando es muy común que una novia denuncie a su prometido, los niños a sus padres y las esposas a sus maridos? Lo único que allí permanece es la unión espiritual. La Iglesia subterránea es pobre y sufrida, pero no tiene miembros tibios. Un servicio religioso en ella es similar a los que se efectuaban en la Iglesia primitiva, hace ya más de mil novecientos años. El predicador no tiene estudios avanzados de teología, no conoce la homilética, como tampoco Pedro la conocía… Los versículos de la Biblia no son muy conocidos para los cristianos en los países comunistas porque las Biblias son muy escasas, además, es casi seguro que el ferviente predicador que uno está oyendo dar testimonio de sus poderosas experiencias en Cristo, ha pasado muchos años en la prisión, sin siquiera ver una Biblia... cualquiera que haya conocido la belleza espiritual de la Iglesia perseguida, nunca se va a conformar con el vacío y la frialdad que se encuentra en muchas iglesias de los países libres. Sufro más ahora aquí, que lo que sufrí en las prisiones comunistas, ahora he contemplado, con mis propios ojos, como las Iglesias en el Occidente se están muriendo”.
(Pág. 82) “Los hombres allí ordenados por Dios no han tenido ningún estudio teológico, y muchas veces saben muy poco de la Biblia. Pero así llevan adelante la obra de Cristo, el Señor. Es como la Iglesia de los primeros siglos. ¿A qué seminario asistió esa gente que estremeció al mundo en el nombre de Jesucristo?...
Nosotros, los de la Iglesia subterránea, no tenemos templo ni catedrales pero, ¿habrá catedral más hermosa que el cielo que observamos cuando nos reunimos en los bosques? , el cantar de los pájaros reemplaza al órgano, la fragancia de las flores es nuestro incienso, las ropas raídas de algún mártir recién salido de la prisión tienen la elegancia espiritual que no tienen los ropajes lujosos de los ministros del Occidente. Tenemos a la luna y las estrellas como nuestras luces, y los ángeles son los diáconos que las encienden. ¡Aleluya! ¡Jamás podré describir la hermosura de esta Iglesia!, a menudo, después de celebrar un culto en secreto, algunos cristianos son sorprendidos y enviados a la prisión. Allí los cristianos lucen sus cadenas con el gozo con que una novia luce la más linda joya regalada por su novio, en prisión los ánimos están tranquilos. Al recibir y sentir el beso y el abrazo de Dios, no cambiaría su condición ni por la de un rey. Yo he encontrado cristianos verdaderamente gozosos solamente en tres lugares: en la Biblia, en la Iglesia subterránea y en la prisión”.
(Pág. 119) “Por un milagro pude soportar y sobrevivir catorce años de prisión y de torturas, incluyendo dos años en una celda especial para los que se considera que están ya para morir. Por otro milagro aún más grande, Dios inexplicablemente me sacó de la prisión y me hizo llegar hasta el Occidente para hablarles a mis hermanos de la Iglesia libre. Ahora hablo en nombre de mis hermanos que yacen en innumerables e ignoradas tumbas, hablo también en nombre de mis hermanos que hoy se reúnen en forma secreta en bosques, sótanos, desvanes y otros lugares semejantes. La iglesia subterránea de Rumania acordó sacarme del país y enviar conmigo un mensaje a los cristianos libres del mundo, ahora estoy cumpliendo el encargo que me encomendaron los que permanecen allá trabajando, sufriendo, arriesgando sus vidas y muriendo en el martirio en medio de mucha tribulación”.
“El mensaje que traigo de parte de la Iglesia perseguida es: ¡Hermanos no nos abandonen! No se olviden de nosotros. No nos borren de sus mentes y de sus oraciones delante del Señor ¡Necesitamos Biblias, estamos dispuestos a pagar el precio que signifique usarlas! Mis hermanos, escuchen la voz de sus hermanos en persecución. Ellos no están pidiendo ayuda para huir de sus lugares. Solo piden que se les ayude para adquirir las armas necesarias para contrarrestar la influencia satánica del ateísmo, tanto en las mentes de la juventud como en la de los niños —las generaciones del futuro—. Piden Biblias para poder sembrar la palabra de Dios”.
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