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La Operación de la Política Cristiana

9/27/2015

 
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Autor: Pastor Efraim Valverde, Sr.
Revista Maranatha Edición de Enero 2013 página 11.
“Sabéis que los príncipes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad. Mas entre vosotros NO será así” (Mat. 20:25-26). Pastor E. Valverde, Sr.
Desde 1952, el año en que mi Dios empezó a moverme para ministrar por medio de la letra, me es imposible recordar y mucho menos enumerar todos los temas sobre los que para estas fechas he tratado. Son tantos y tan complejos los aspectos de nuestras vidas como cristianos, que nunca terminaríamos de escribir sobre ellos. Lo que mi Maestro me ha enseñado en el curso de los años, es a darle prioridad a los temas de más importancia, especialmente los que afectan en forma más directa nuestra vida espiritual. El que me ocupa hoy una vez más, es uno de esos.

Hace poco más de un cuarto de siglo que mi Señor Jesús quiso sacarme de la “Babilonia espiritual”. Por misericordia de Dios, me fue dado el que pudiera oír esa “voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, porque no seáis participantes de sus pecados, y que no recibáis sus plagas” (Ap. 18:4). Ese grito de alarma del Espíritu Santo, es por tanto, uno de los temas sobre los que más he tratado desde que salí de “Babilonia” (Ap. 18:4). Durante estos años he visto que el resultado de este mensaje ha sido tremendo, pues Dios ha dado testimonio, libertando a muchos, quienes al igual que yo, han salido y siguen saliendo de “Babilonia”.
Este mensaje, como todos los de origen Divino, se entienden por revelación, mas usando Dios vasos humanos. En la Biblia, vemos que Él también ha querido que la vida y las experiencias de cada vaso se complementen siempre con el mensaje correspondiente, por mi parte, uno de los mensajes que por Dios he anunciado en estos años, es el cómo salir de “Babilonia”, y las experiencias tenidas entre ese ambiente durante los primeros casi 25 años de mi vida cristiana, me han servido para comprobar mi mensaje y como arma eficaz para contrarrestar el engaño.

El Señor dijo: “Lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos” (Jn. 3:11). Así que yo doy razón de lo que sé. Primeramente por lo aprendido en el Libro Santo, y luego por lo que he visto, oído y experimentado a lo largo de una vida en el ministerio: siendo un joven de 20 años, comencé a caminar con mi Señor, así como se inicia todo verdadero cristiano, siendo participante de la experiencia maravillosa de nacer “otra vez” (Jn. 3:3), de nacer “de agua y del Espíritu” (Jn. 3:3-5), Dd ser “nacido de Dios” (1 Jn. 3:9). Solo por el amor de Dios mi vida fue transformada entonces, y hoy después de casi 50 años sigo feliz, siendo un viejo ministro que nunca ha “dejado (su) primer amor” (Ap. 2:4).
“Mercaderes de almas”
Para los “mercaderes de Babilonia” valen lo mismo (y muchas veces menos) las “almas de hombres”, que el oro y la plata, las joyas y todas las demás mercancías (Ap. 18:11-13). En el transcurso de los siglos, durante toda la dispensación de la gracia, se cuentan en muchos, los millones de creyentes humildes y sinceros que han sido llamados y transformadas sus vidas solamente por el poder de Dios, pero que al nacer “otra vez” han caído de inmediato en las manos de los “mercaderes de almas”; y éstos, relegando con astucia y sutileza a un segundo lugar al verdadero Salvador, se han adueñado de ellos por medio de los sistemas político-religiosos.
"No entienden que cada una de estas estructuras político-religiosas son realmente sus prisiones espirituales"
Yo mismo viví tal experiencia. Ahora, recuerdo con pena que hubo tiempos en mi vida cristiana, cuando ignorando la trampa satánica aludida, inconscientemente di más crédito al sistema político-religioso al que pertenecía, que a mi Salvador. Pues precisamente el sucio pecado de la “adoración de la bestia”, consiste en el cristiano preso ya de los mercaderes “de almas de hombres”, cree ahora que ya no hay salvación fuera del particular sistema religioso al que pertenece. Este pecado prevalece extensamente hasta hoy entre el cristianismo.

El “Diótrefes, que ama tener el primado” (3 Jn. 9 y 10), para este tiempo se ha multiplicado incontablemente. Y así este ministerio falso sigue cumpliendo hasta hoy todo lo anticipado sobre la apostasía por el Señor y Sus apóstoles. Sabemos que va a continuar, y que ningún esfuerzo humano va a poder impedir que crezca este cáncer maligno entre el “ministerio profesional”, hasta que siga la voz del ángel proclamando: “Caída es la grande Babilonia”; mas sabiendo la verdad, nuestra parte es reprobar hoy con autoridad de Dios este, y demás desvíos.

Hoy millones de cristianos incautos, en incontables organizaciones religiosas autodenominadas cristianas, de todos tamaños y tintes doctrinales imaginables, que enaltecen orgullosamente los nombres de lo que cada uno de ellos llama “su iglesia”. No entienden que cada una de estas estructuras político-religiosas son realmente sus prisiones espirituales. Estos cristianos engañados, inclusive, proclaman con gran ostentación los nombres, títulos y altos rangos de sus ministros, ignorando que estos son en realidad “los mercaderes” dueños y negociantes de las almas.

Por su parte, los mercaderes reclaman abierta y descaradamente ser los dueños de las “almas de hombres” que integran sus respectivas pirámides. Este antiguo engaño, poderoso y sutil, ha sido aceptado hasta hoy por todo el cristianismo como algo de origen Divino. Ignoran voluntariamente que este sistema apóstata lo hizo “oficial” originalmente (y lo ha sostenido ya por 17 siglos) “LA MADRE” (Ap. 17:5), y hasta hoy “sus hijas” así lo usan en sus respectivas pirámides.
Violando la ordenanza
Es cierto, pues, que he hablado y escrito mucho sobre la ordenanza citada, pero sé que es imperativo que siga “en tanto que estoy en este tabernáculo” (2 Ped. 1:13), pues la orden es de suprema importancia, y enfáticamente dada por el Señor: “Mas entre vosotros NO será así”. El ignorarla acarrea muerte espiritual, en mayor dimensión a aquellos ministros quienes hoy están conscientes de ello. En cambio, he sido testigo ya por un cuarto de siglo, que al entenderla y obedecer al Señor poniéndola por obra, es una fuente de muchas bendiciones espirituales.

Naturalmente que en mis principios, yo mismo no entendía el significado y la importancia de esta ordenanza Divina, ya poseído en mi entendimiento por el espíritu denominacional, gradualmente fue aumentando en mí el orgullo de ser miembro y ministro de aquella “iglesia”; y más, por cuanto oía de mis “superiores” que era la mejor en el mundo entero. Así fui movido para trabajar con todas mis fuerzas para el engrandecimiento de ambas organizaciones religiosas en las que serví por cerca de 25 años. Lo que ahí hice, y lo que fui, ante mi Dios está.

Pero desde mis principios, llamaron mi atención algunas cosas no derechas que se hacían entre aquel ambiente que yo, en mi inocencia entonces, esperaba que fuera un carácter altamente espiritual. No tardé mucho para convencerme que no era como yo pensaba. Mas las injusticias de los “políticos cristianos” con quienes traté durante aquellos primeros años, no me desanimaron para seguir sirviendo allí, pues para entonces, la idea de que el sistema político del mundo (de superiores y subalternos) es propio también para la Iglesia, estaba arraigada fuertemente en mí; y así, en mi ignorancia, contribuí para fermentar el error.

La ordenanza del Espíritu dice: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien en humildad, estimándoos inferiores los unos a los otros: no mirando cada uno a lo suyo propio, sino cada cual también a lo de los otros” (Fil. 2:3-4). Pero viviendo el ministro fiel y sincero entre la “política cristiana”, es imposible que se ajuste a esta regla del Espíritu, pues vive como Lot, quien “afligía cada día su alma justa con los hechos de aquellos injustos” (2 Ped. 2:8). Tiene que decidir entonces: hacerse también “político” o salir de “Babilonia”.

Esta situación se presenta naturalmente de manera más particular entre el ministerio. Pues es a Sus ministros, a quienes el Señor de una manera muy directa dirige esta ordenanza, más el “ministerio profesional” a conveniencia la ignora. Pues la orden, de cierto, es contraria al orgullo carnal, el sistema alimenta el ego humano con la autoridad, y con todo lo demás que agrada a la carne; es por eso, que los “políticos religiosos” siguen haciendo exactamente lo contrario.
“Lo que sabemos, lo hablamos”
En esta ocasión, de una manera más directa, he estado intercalando en el tema de algunas de las muchas experiencias que viví durante los más de 20 años de ministerio entre el ambiente de la “política cristiana”. Regresando pues a mis principios, recuerdo perfectamente el día cuando tuve la experiencia inolvidable de sentir fuertemente el llamado de Dios en mi alma para servir en el ministerio. Recuerdo que lloré mucho y profundamente, al grado de que hubo quienes al verme llorar en tal forma, preocupados me preguntaron qué era lo que me pasaba, más a nadie quise confesarle entonces lo que sentía, ni la razón de mi doloroso llanto.

Ahora, acepto a que la causa de mi dolor, era que ya sabía que conforme a las reglas de la estructura religiosa a la que “pertenecía”, yo no estaba dando entonces la medida. Mas como aquel llamado era realmente de Dios, nada me detuvo para buscar en que servir, y Aquel que me llamó, sabe todo lo que por Su voluntad después hice y con qué sentir lo hice. Desde que mi Señor me sacó de “Babilonia”, he usado mis propias experiencias para librar de esta prisión espiritual a muchos cristianos sinceros, quienes no se atreven a obedecer el llamado de Dios en ellos, atados por estos gobiernos de autoridad de hombre (cabe aquí el hacer perfectamente claro, que el orden Teocrático, que es el sistema de gobierno ministerial ordenado por el Señor Jesús para Su Iglesia, puede funcionar bien únicamente entre los verdaderos ministros cristianos).

Desde que la “política cristiana” se hizo “oficial” allá en los principios, prevalece fuertemente hasta hoy la errónea idea, de que para que pueda ser ministro el creyente fiel que por Dios ha sido llamado, necesita primeramente ser reconocido, luego preparado y autorizado, y al final ordenado por las “potestades superiores de su iglesia”. Estas “potestades superiores” son en todo caso, los representantes de la organización religiosa a que pertenece el creyente sincero pero engañado, pues éstos lo han convencido ya, de que siendo ellos los representantes de Dios, son los únicos que tienen la autoridad para hacerlo ministro. Ahora ese nuevo ministro, con un espíritu dócil (y muchas veces con un servilismo ridículo), reconoce aquella estructura política y a sus respectivos “jefes” como los propietarios de su salvación, de su ministerio, y por consiguiente de su propia alma. En esta forma, los descendientes de “Diótrefes” hasta hoy, han venido desempeñando exactamente la función de “mercaderes” de “almas de hombres”, estos impostores, que se presentan ante el mundo honoríficamente como ministros de Jesucristo el Señor, son parte integrante y prominente de la “grande Babilonia” que para este tiempo está ya próxima por caer (Ap.18:1-3).
Política en la pirámide
Enrolado ya el nuevo ministro en aquella pirámide, para prosperar y ascender, o sencillamente para sobrevivir haciendo lo que Dios le ha encomendado, gústele o no, tiene que involucrarse entre ese ambiente, lo cual lo obliga a hacerse parte de ello. Al paso del tiempo, repito, o se hace igual (o aun peor) que sus enseñadores o llega el día en que ya convencido de que tal sistema de gobierno en la Iglesia del Señor, no es de Dios, busca el zafarse de aquello.

Una gran mayoría de los que me consta, comenzaron como ya antes he explicado, al crecer y al madurarse entre esa política, llegó el día en que ellos mismos se convirtieron en el sistema; habiendo sido “mercadería” en sus principios hoy son “mercaderes”. Otro número menor, soy testigos, han logrado librarse de la operación del engaño, y hoy sirven al Señor “en la libertad con que Cristo nos hizo libres” (Gál. 5:1). Pero otros, en cambio (y de éstos conozco muchos), no cabiendo en ellos la injusticia, mas no teniendo tampoco la fuerza o la ayuda para librarse, han sido víctimas de este sistema asesino que los mató espiritualmente.

Repito que el espacio me priva aquí para citar las múltiples escrituras que otras veces he usado para reprobar el engaño. He citado, en cambio, experiencias vividas a lo largo de ya casi medio siglo. Sé que las mías han sido también las experiencias de muchos. Desde la conversión, hasta el principiante que sintió el llamado de Dios. Por mi parte, siguieron todos aquellos años que caminé entre la “política cristiana”, durante los cuales, fui testigo de muchas injusticias que esta produce. Habiendo principiado desde la base de una pirámide, hasta llegar a la cúspide de otra semejante, ahora enseño con firmeza lo que me consta.

Desde que mi Señor me sacó de “Babilonia”, he sido feliz ministrando a Sus santos, en conformidad con el sistema de Dios. Mas he sentido siempre la carga (mi Dios sabe que digo verdad), al ver hasta hoy las multitudes de mis hermanos en la fe, en muchas organizaciones, en distintas partes del mundo, que sufren opresión bajo esos gobiernos políticos-religiosos e injustos, prohibidos por el Señor. Me consta que muchos quieren salir de “Babilonia”, pero unos tienen temores y otros no saben cómo lograrlo, y necesitan la ayuda.

Recuerdo, por tanto, a mis compañeros en el ministerio, y a todos los santos que también viven libres de los sistemas religiosos, que pesa sobre nosotros la tremenda responsabilidad de darles hoy la ayuda a quienes de diferentes partes del mundo continuamente nos la están pidiendo. Hemos servido con literatura, con grabaciones, radio, viajes, etc. y nos es imperativo el seguirlo haciendo, porque “la noche viene, cuando nadie puede obrar” (Jn. 9:4).
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