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El Señor Viene

2/14/2016

 
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Autor: Pastor Efraim Valverde, Sr.
Revista Maranatha Edición de Octubre 2014
 página 5.
El apóstol Pablo clama, diciendo: “El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. MARANATHA” (1 Cor. 16:22
En diferentes ocasiones se me ha preguntado cuál es el significado de la palabra “Maranatha”, lo cual siempre ha sido una oportunidad para hablar sobre el tema medular de la fe de los seguidores de Cristo el Señor, puesto que esta palabra (de la lengua siriaca) quiere decir: ¡NUESTRO SEÑOR VIENE! Y precisamente quiero invitar una vez más a todos mis amados hermanos y lectores, a que fijemos nuestra atención en este importantísimo tema.

El tiempo en el que a nosotros nos ha tocado vivir es un tempo único y singular, puesto que estamos viviendo en los últimos segundos del sexto día de la semana profética del plan de Dios. Los que estamos despiertos ante esta importante realidad, al ver “las manecillas” del Reloj inexorable del Todopoderoso, no podemos menos que sentir dos impulsos opuestos en nuestro ser: por una parte sentimos el gozo infalible de ver que el día maravilloso de nuestra redención está ya a las puertas; mas por otra parte, sentimos el dolor y la desesperación de ver la ceguedad espiritual del mundo que nos rodea, sobre los cuales está la terrible maldición de ser “anatema”, pues viven exactamente como dijo el Señor que estaban las gentes antes del diluvio (Gn. 6:5).
Entre esa inmensa multitud de descuidados, están muchos de nuestra propia raza; incluso, ahí están muchos de nuestros propios vecinos y amigos, y aun también algunos de nuestros parientes y familiares, y lo más increíble aun es que muchos de nuestros propios hermanos en la fe, quienes caminan en la corriente mundana de un cristianismo “tibio” (Ap. 3:16), de apariencia, propio fruto del ambiente que prevalece del cristianismo apóstata que nos rodea, también están contados en ese número; y aunque parezca algo tedioso y rutinario, usando las palabras de nuestro hermano Pedro, yo también diré: “Por esto, yo no dejaré de amonestaros siempre de estas cosas, aunque vosotros la sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente, porque tengo por justo, en tanto que estoy en este tabernáculo, de incitaros con amonestación” (2 Ped. 1:12-13). Y el tema bien sabido de todos, sigue siendo la médula del mensaje del Evangelio: ¡MARANATHA! ¡Nuestro Señor Jesucristo viene pronto!

El Señor dijo en cierta ocasión, que si en Sodoma y Gomorra se hubieran hecho las señales que Él hizo en Su primera venida, de cierto se hubieran arrepentido; y además agregó, diciendo: “de cierto os digo, que el castigo será más tolerable a la tierra de los de Sodoma y de los de Gomorra en el día del juicio, que a aquella ciudad (la generación que lo oyó y lo vio ministrar)” (Mt. 10:15). Ahora, a esto dicho, yo agrego y pregunto: ¿Qué podemos decir de nuestra presente generación? ¿Cuál será delante del Señor el juicio para la generación actual, a la cual le ha tocado el privilegio de ser testigo ocular, no solamente del mensaje y de las maravillas del Señor, sino aun del cumplimiento de las portentosas profecías anticipadas que anuncian “las señales” de la segunda venida del Señor?
Mi estimado hermano lector, ¿qué podremos decir a esto? ¿Será justo andar perdiendo miserablemente el tiempo todavía, como necios, jugando a las “iglesitas” y entretenidos por el diablo en las cosas de este mundo pecador que está sentenciado para “arder” dentro de unos pocos días (Mal. 4:1)?
Mi estimado hermano lector, ¿qué podremos decir a esto? ¿Será justo andar perdiendo miserablemente el tiempo todavía, como necios, jugando a las “iglesitas” y entretenidos por el diablo en las cosas de este mundo pecador que está sentenciado para “arder” dentro de unos pocos días (Mal. 4:1)? Tú que entiendes el idioma en el que escribo (no importa en qué parte del mundo estés leyendo estas letras, seas hombre o mujer, mayor o joven, ministro o miembro, con educación o no, rico o pobre, y aún más, estés sirviendo a Cristo el Señor o no lo estés sirviendo), delante de tus ojos y por todos los medios de comunicación estás viendo los días en que, quieras o no, muchas de las señales que mi Maestro anticipó en el Libro Santo (como un anticipo fiel de Su segunda venida) se han cumplido, más se están cumpliendo en estos días, y las que faltan, que por cierto son las más terribles, ¡ya están a las puertas!

Ahora, ¿quiere alguno juzgarme de exagerado? ¡Hágalo! ¿Quiere alguien reírse? ¡Ríase! Pues no será, por cierto, el primero ni el único, pues una multitud de varios billones también lo hace; pero eso no disminuye en lo mínimo la veracidad de la Palabra de mi Dios, puesto que Él mismo anticipó, diciendo: “El cielo y la tierra pasarán, más Mis Palabras no pasarán” (Mt. 24:35), y los que aceptamos la realidad del tiempo en que estamos viviendo (que son los últimos días), aceptaremos también la amonestación de nuestro hermano Pedro apóstol, que nos dice: “Pues como todas estas cosas han de ser desechadas, ¿qué tales conviene que vosotros seáis en santas y pías conversaciones? Esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios” (2 Ped. 3:11-12), y también: “Por lo cual, oh amados, estando en esperanza de estas cosas, procurad con diligencia que seáis hallados de Él sin mácula, y sin reprensión, en paz” (2 Ped. 3:14).

Juan apóstol se agrega a esta exhortación, diciéndonos: “Y cualquiera que tiene esta esperanza en Él, se purifica, como Él también es limpio” (1 Jn. 3:3), y declara a la vez la siguiente verdad: “Mas si andamos en luz, como Él está en luz, tenemos comunión entre nosotros, y la Sangre de Jesucristo Su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7). Para “andar en luz” necesitamos andar en paz, en santidad y en amor, y TENER COMUNIÓN ENTRE NOSOTROS; pero a causa del ambiente contrario que nos rodea, sabemos que no es fácil dar la medida que señala la Palabra de Dios, pues el mayor enemigo que cada uno de los hijos de Dios tenemos es nuestra propia condición (es decir, nuestra humanidad), de la cual está dicho que “no se sujeta a Dios, ni tampoco puede” (Rom. 8:7). Pero precisamente aquí, nos ayuda mucho considerar las señales que están en derredor nuestro, las cuales contribuyen para que permanezcamos despiertos a la maravillosa realidad: ¡NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO VIENE PRONTO!

Las calamidades naturales han seguido en aumento, al grado de llamar la atención de la misma prensa secular en este último tiempo en el que estamos viviendo, pues solamente, en lo que toca a los temblores, han acontecido de una forma alarmante en estos últimos días, como nunca antes se había registrado. De igual manera, la variación radical de los climas ha estado afectando a todos los continentes, azotando a unos con inundaciones y a otros con sequías, acarreando con ello como consecuencia lógica la escases y el alto costo de los alimentos en muchos países donde hace no muchos días había abundancia; y qué decir del hambre, la miseria y aun de la muerte que en muchos otros países ya es una realidad, esto que está aconteciendo, a su vez, está impulsando a las masas humanas a tomar medidas según el juicio y la condición de los individuos, mas con ello sólo están trayendo como resultado el caos político, social y moral que aparece innegablemente ante nuestros ojos.

Por otra parte, está la singular señal dada por el mismo Señor en Mateo 24:32-33: “La higuera que ya ha brotado” (o sea Israel ya establecido y en posición de la Ciudad amada: Jerusalén), cada día que pasa, algo más se cumple en esa tierra y en ese pueblo que es cual el Reloj profético de Dios, vemos también que día a día aumenta el número de las naciones enemigas de Israel, anunciando claramente los preparativos para el cumplimiento del acontecimiento máximo, es decir, ¡EL REGRESO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO! Conforme a la manera en la que lo describe el profeta Zacarías en el capítulo 14 del libro que escribió (no quietemos la vista de “la higuera”, que no solamente ya ha brotado, sino que ya ha comenzado a dar brevas). A la misma vez, todo lo que está aconteciendo universalmente, está ligado invariablemente con la “Babilonia espiritual”, que es “la apostasía”, o sea “el sistema religioso autodenominado cristianismo”, con su número incontable de “organizaciones y denominaciones político-religiosas”, cuyos miembros se sienten autorizados para despreciar, discriminar, aborrecer, odiar, juzgar, enjuiciar, condenar e incluso matar, y todo esto haciéndolo en nombre de “su iglesia” (o sea de su propia organización); justificando muchos, su descarado desvío, en Textos Sagrados de la Palabra de Dios, que “tuercen para perdición de sí mismos” (2 Ped. 3:16). Esa no es la Iglesia verdadera del Señor Jesucristo, sino que esa es “la mujer vestida de púrpura que está sentada sobre la bestia bermeja; es la grande ramera con la que fornican espiritualmente los habitantes de la tierra” (Ap. 17:1-5). El conjunto universal aquí descrito, integrado por inmensas multitudes sobres quienes preside aquel “cristo falso” (“el anticristo”), o sea “el dios de este siglo”, “Satanás”, el “príncipe de la potestad del aire”, el “dios” de la vanidad, del orgullo, de la soberbia, de la envidia y de la rivalidad (1 Jn. 2:18; 2 Cor. 4:4; Ap. 12:9; Ef. 2:2), es el ambiente que nuestro hermano Santiago apóstol describe muy claramente, cuando dice: “Pero si tenéis envidia amarga y contención en vuestros corazones, no os gloriéis, ni seáis mentirosos contra la verdad: que esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrena, animal, diabólica” (Stg. 3:14-15).
“Más si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión entre nosotros, y la sangre de Jesucristo su hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7). Para “andar en luz” necesitamos andar en paz, en santidad y en amor, y tener comunión entre nosotros.
Ahora, precisamente de entre esa confusión espantosa de carácter universal, el Señor está llamando a Sus hijos para que salgamos de “Babilonia” (Ap. 17:5), porque el día de Su segunda venida ya está a las puertas, “el día ardiente como un horno (cuando) todos los soberbios, y todo los que hacen maldad, serán estopa” (Mal. 4:1), que es el mismo día también, cuando el Señor dice: “a vosotros los que teméis Mi Nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salud; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada. Y hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día que Yo hago, ha dicho el Señor de los ejércitos” (Mal. 4:2-3), por tanto, “dejando pues toda malicia, todo engaño, y fingimientos, y envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual, sin engaño, para que por ella crezcáis en salud” (1 Ped. 2:1-2); “Cumplid mi gozo; que sintáis lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien en humildad, estimándoos inferiores los unos a los otros: no mirando cada uno a lo suyo propio, sino cada cual también a lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Fil. 2:2-5), porque “la sabiduría que es de lo alto, primeramente es pura, después pacífica, modesta, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, no juzgadora, no fingida” (Stg. 3:17).

Repito, las señales nos gritan que ¡NUESTRO SEÑOR YA VIENE! Y todos los que amamos Su venida, cuando menos, hagamos toda la lucha por vivir dentro del orden ya descrito, que es el orden del Espíritu, “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo, (porque) el mundo se pasa, mas el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre” (1 Jn. 2:15-17).
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Dios te bendiga.
Pastor Efraim Valverde, Sr.
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