Autor: Pastor Efraim Valverde, Sr.
Revista Maranatha Edición de Abril 2014 página 1.
Revista Maranatha Edición de Abril 2014 página 1.
“Oye, Israel: El Señor nuestro Dios, el Señor UNO ES” (Dt. 6:4; Is. 44:6).
La razón principal por la que Israel rechazó al Señor Jesús, a grado de llevarlo hasta la crucifixión, fue porque “siendo hombre”, se presentó como “Dios” (Jn. 10:33). Israel sabía que solamente el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, es el Único Dios, y no hay otro fuera de Él (Is. 44:6). En cierta forma, Israel tuvo razón de rechazarlo porque no le fue dado entonces el reconocer que ciertamente el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob, es JESÚS el Señor.
A los que les fue dado, lo reconocieron, y sus expresiones quedaron como testimonio para nosotros en el Libro Santo; para que la Iglesia, que es el Israel espiritual, conozca el Nombre de su Dios:
Tomás: ¡Señor mío, y Dios mío! (Jn. 20:28) Pedro: No hay otro Nombre… (Hch. 4:12)
Juan: Este es el verdadero Dios… (1 Jn. 5:20)
Pablo: Dios sobre todas las cosas… (Rom. 9:5)
A los que les fue dado, lo reconocieron, y sus expresiones quedaron como testimonio para nosotros en el Libro Santo; para que la Iglesia, que es el Israel espiritual, conozca el Nombre de su Dios:
Tomás: ¡Señor mío, y Dios mío! (Jn. 20:28) Pedro: No hay otro Nombre… (Hch. 4:12)
Juan: Este es el verdadero Dios… (1 Jn. 5:20)
Pablo: Dios sobre todas las cosas… (Rom. 9:5)
Dios, en la profundidad incomprensible de Sus santos juicios, encerró en endurecimiento en parte a Israel para que no reconocieran al Señor de gloria; y al crucificarle, quitó la pared intermedia de separación que nos impedía a nosotros los gentiles alcanzar el privilegio supremo de ser contados como parte del Pueblo de Dios. Al expirar Cristo el Señor en la cruz, el lugar santísimo fue abierto para que ahora: “todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Jn. 3:16).
La Iglesia nació hace ya cerca de 1980 años, y el fundamento de sus principios está basado sobre la misma sublime y maravillosa verdad: DIOS ES UNO, y UNO ES SU NOMBRE. Porque “Jesucristo ES el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Heb. 13:8). Ahora, al leer las cartas de los apóstoles, las encontramos llenas de advertencias que el Espíritu Santo señala por medio de aquellos vasos. Advierte en forma, por demás clara, de la apostasía que habría de entrar en la Iglesia de Cristo el Señor, de las doctrinas de demonios, de las herejías y de las enseñanzas torcidas que se habrían de introducir a su tiempo entre el pueblo de Dios los lobos rapaces, falsos profetas y burladores que andarían según sus malvados deseos (2 Tes. 2:3; 1 Tim. 4:1; Hch. 20:29).
Este terrible anticipo no tardó mucho para tener su cumplimiento. Mientras vivieron aquellos instrumentos que el Señor escogió como columnas muy especiales en el edificio espiritual que es SU IGLESIA (Mt. 16:18), se contendió y se defendió eficazmente "la fe que una vez fue dada a los santos" (Jud. 3). Pero, ¡fueron quitados de en medio los que impedían para que la apostasía se manifestara! El apóstol Pablo, escribiendo a los hermanos de Tesalónica, les anticipa y advierte que hay quién impedía que el anticristo no se asentara en este tiempo en el templo de Dios que es la Iglesia. Murieron los apóstoles, y con ellos fue quitada de en medio la autoridad doctrinal visible que por la voluntad absoluta de Cristo, residió en aquellos vasos únicos (esta última declaración, vasos únicos, lo compruebo al señalar la verdad irrefutable de que a ellos y a nadie más, Dios escogió para que sus escritos quedaren dentro de Libro Santo, contados como la misma Palabra de Dios. Todos los que a lo largo de los siglos que han pasado, y hasta el tiempo presente, hayan reclamado o estén hoy reclamando tener el mismo derecho o facultad de los apóstoles, son falsos profetas usados por Lucifer, el anticristo, para trastornar a los insensatos).
Al pasar la Iglesia el primero, segundo y tercer siglo, las herejías de la apostasía que ya habían sido sembradas por el anticristo cuando aún vivían los apóstoles, al no estar ya ellos, tomaron paulatinamente más y más fuerza. Lo único que humanamente contribuyó para que no se manifestara abiertamente más pronto, fue la serie de persecuciones, de las que intermitentemente fue objeto la Iglesia por parte de la “Bestia”, o sea, de la estructura de poder universal de la entonces Roma pagana. Pero llegó el tiempo que el siglo cuarto entrara y los seguidores de Cristo tuvieron que experimentar la última persecución (siendo una de las más terribles), y el rumbo de la historia cambió radicalmente. El emperador Constantino tomó el poder y ordenó que cesaran definitivamente las persecuciones en contra de los cristianos.
La gran mayoría de los cristianos de entonces (y muchos hasta el presente día así lo sostienen), consideraron aquella orden imperial como la bendición más grande que podía haber recibido el cristianismo. ¡Pero qué diferente es la realidad! La historia es muy extensa pero ya está escrita y nadie la puede cambiar ni tampoco negar, y por mi parte, me concreto a citar en forma específica los acontecimientos que tienen que ver en forma directa con el tema que encabeza el presente artículo: la Divinidad de Jesucristo nuestro Señor, Salvador y Dios.
Igualmente como la pregunta de Felipe (de acuerdo a los que está escrito en Juan 14:8), muchos cuyas mentes fueron turbadas y confundidas por el espíritu de error, siguieron preguntándose en el transcurso de cerca de tres siglos: ¿Cómo es que el Señor Jesús “siendo hombre” se presentó como “Dios”? Y no habiendo en aquellas mentes la revelación directa del Espíritu Santo (por las razones que solamente Dios conoce), se fueron desviando de la verdad fundamental de la existencia de UN SOLO DIOS, y para el año 325, eran ya muchos los ministros, y por consiguiente, también creyentes, que habían ya aceptado la teoría por demás descabellada de la existencia de “la Divinidad como un Dios integrado por tres personas distintas” al cual le pusieron por nombre: La Santísima Trinidad.
Constantino se había ya ganado para entonces el aprecio del cristianismo (de paso señalo que ya para esos días no era una Iglesia perseguida y escondida en la catacumbas, sino que ahora, la naciente Iglesia imperial vivía en los palacios reales). Queriendo pues el emperador cimentar mejor sus relaciones con la ahora mayoría que profesaba la religión cristiana, propuso intervenir personalmente para ayudarles a resolver algunos “artículos doctrinales” que observó que estaban “dividiendo” al cristianismo, y convocó el ya históricamente conocido Concilio de Nicea, donde más de 300 obispos venidos de las diferentes partes del vasto imperio, hicieron acto de presencia. El mismo emperador presidió aquella importante reunión, dando con ello la aprobación oficial del estado a la misma.
El debate principió, considerándose como tema principal la doctrina de la Divinidad de Cristo el Señor, y al terminar aquel concilio, por voto de la mayoría y la consiguiente aprobación del emperador, quedó establecida hasta el día de hoy la FALSA DOCTRINA DE LA TRINIDAD, como el credo oficial de la Iglesia universal que, para la fecha presente, son millones y millones de profesante cristianos de todas las razas y por el mundo entero, en un numero incontable de organizaciones e instituciones religiosas, aceptan sumisamente la interpretación del Concilio mencionado, y siguen sosteniendo y defendiendo una doctrina falsa que ni los muchos siglos que tiene de edad, ni la inmensa multitud de los que la han creído la puede hacer verdadera, y es hasta el día de hoy un hecho innegable, que ninguno de los muchos eruditos exponentes y los millares de libros que se han escrito sobre la llamada “Trinidad”, pueden explicar en forma clara cómo está que Dios siendo Uno, según ellos “a la vez es tres”.
La Santa Biblia, que hasta este día es la autoridad doctrinal suprema del pueblo de Dios, declara el misterio de la Divinidad, por la revelación del Espíritu Santo, a cada uno de aquellos que con un corazón abierto y si conceptos prefijados, poniendo sinceramente su fe en el Señor Jesús, busque en Sus páginas la explicación misma de Dios. A continuación, en forma abstracta, solamente como un bosquejo para iniciar al lector en el sendero de la revelación que solo Dios puede dar, señalo las siguientes Porciones Escriturales y razonamientos lógicos sobre los mismos, pidiendo al Señor que lo escrito pueda serle de bendición a alguno de mis hermanos.
La Iglesia nació hace ya cerca de 1980 años, y el fundamento de sus principios está basado sobre la misma sublime y maravillosa verdad: DIOS ES UNO, y UNO ES SU NOMBRE. Porque “Jesucristo ES el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Heb. 13:8). Ahora, al leer las cartas de los apóstoles, las encontramos llenas de advertencias que el Espíritu Santo señala por medio de aquellos vasos. Advierte en forma, por demás clara, de la apostasía que habría de entrar en la Iglesia de Cristo el Señor, de las doctrinas de demonios, de las herejías y de las enseñanzas torcidas que se habrían de introducir a su tiempo entre el pueblo de Dios los lobos rapaces, falsos profetas y burladores que andarían según sus malvados deseos (2 Tes. 2:3; 1 Tim. 4:1; Hch. 20:29).
Este terrible anticipo no tardó mucho para tener su cumplimiento. Mientras vivieron aquellos instrumentos que el Señor escogió como columnas muy especiales en el edificio espiritual que es SU IGLESIA (Mt. 16:18), se contendió y se defendió eficazmente "la fe que una vez fue dada a los santos" (Jud. 3). Pero, ¡fueron quitados de en medio los que impedían para que la apostasía se manifestara! El apóstol Pablo, escribiendo a los hermanos de Tesalónica, les anticipa y advierte que hay quién impedía que el anticristo no se asentara en este tiempo en el templo de Dios que es la Iglesia. Murieron los apóstoles, y con ellos fue quitada de en medio la autoridad doctrinal visible que por la voluntad absoluta de Cristo, residió en aquellos vasos únicos (esta última declaración, vasos únicos, lo compruebo al señalar la verdad irrefutable de que a ellos y a nadie más, Dios escogió para que sus escritos quedaren dentro de Libro Santo, contados como la misma Palabra de Dios. Todos los que a lo largo de los siglos que han pasado, y hasta el tiempo presente, hayan reclamado o estén hoy reclamando tener el mismo derecho o facultad de los apóstoles, son falsos profetas usados por Lucifer, el anticristo, para trastornar a los insensatos).
Al pasar la Iglesia el primero, segundo y tercer siglo, las herejías de la apostasía que ya habían sido sembradas por el anticristo cuando aún vivían los apóstoles, al no estar ya ellos, tomaron paulatinamente más y más fuerza. Lo único que humanamente contribuyó para que no se manifestara abiertamente más pronto, fue la serie de persecuciones, de las que intermitentemente fue objeto la Iglesia por parte de la “Bestia”, o sea, de la estructura de poder universal de la entonces Roma pagana. Pero llegó el tiempo que el siglo cuarto entrara y los seguidores de Cristo tuvieron que experimentar la última persecución (siendo una de las más terribles), y el rumbo de la historia cambió radicalmente. El emperador Constantino tomó el poder y ordenó que cesaran definitivamente las persecuciones en contra de los cristianos.
La gran mayoría de los cristianos de entonces (y muchos hasta el presente día así lo sostienen), consideraron aquella orden imperial como la bendición más grande que podía haber recibido el cristianismo. ¡Pero qué diferente es la realidad! La historia es muy extensa pero ya está escrita y nadie la puede cambiar ni tampoco negar, y por mi parte, me concreto a citar en forma específica los acontecimientos que tienen que ver en forma directa con el tema que encabeza el presente artículo: la Divinidad de Jesucristo nuestro Señor, Salvador y Dios.
Igualmente como la pregunta de Felipe (de acuerdo a los que está escrito en Juan 14:8), muchos cuyas mentes fueron turbadas y confundidas por el espíritu de error, siguieron preguntándose en el transcurso de cerca de tres siglos: ¿Cómo es que el Señor Jesús “siendo hombre” se presentó como “Dios”? Y no habiendo en aquellas mentes la revelación directa del Espíritu Santo (por las razones que solamente Dios conoce), se fueron desviando de la verdad fundamental de la existencia de UN SOLO DIOS, y para el año 325, eran ya muchos los ministros, y por consiguiente, también creyentes, que habían ya aceptado la teoría por demás descabellada de la existencia de “la Divinidad como un Dios integrado por tres personas distintas” al cual le pusieron por nombre: La Santísima Trinidad.
Constantino se había ya ganado para entonces el aprecio del cristianismo (de paso señalo que ya para esos días no era una Iglesia perseguida y escondida en la catacumbas, sino que ahora, la naciente Iglesia imperial vivía en los palacios reales). Queriendo pues el emperador cimentar mejor sus relaciones con la ahora mayoría que profesaba la religión cristiana, propuso intervenir personalmente para ayudarles a resolver algunos “artículos doctrinales” que observó que estaban “dividiendo” al cristianismo, y convocó el ya históricamente conocido Concilio de Nicea, donde más de 300 obispos venidos de las diferentes partes del vasto imperio, hicieron acto de presencia. El mismo emperador presidió aquella importante reunión, dando con ello la aprobación oficial del estado a la misma.
El debate principió, considerándose como tema principal la doctrina de la Divinidad de Cristo el Señor, y al terminar aquel concilio, por voto de la mayoría y la consiguiente aprobación del emperador, quedó establecida hasta el día de hoy la FALSA DOCTRINA DE LA TRINIDAD, como el credo oficial de la Iglesia universal que, para la fecha presente, son millones y millones de profesante cristianos de todas las razas y por el mundo entero, en un numero incontable de organizaciones e instituciones religiosas, aceptan sumisamente la interpretación del Concilio mencionado, y siguen sosteniendo y defendiendo una doctrina falsa que ni los muchos siglos que tiene de edad, ni la inmensa multitud de los que la han creído la puede hacer verdadera, y es hasta el día de hoy un hecho innegable, que ninguno de los muchos eruditos exponentes y los millares de libros que se han escrito sobre la llamada “Trinidad”, pueden explicar en forma clara cómo está que Dios siendo Uno, según ellos “a la vez es tres”.
La Santa Biblia, que hasta este día es la autoridad doctrinal suprema del pueblo de Dios, declara el misterio de la Divinidad, por la revelación del Espíritu Santo, a cada uno de aquellos que con un corazón abierto y si conceptos prefijados, poniendo sinceramente su fe en el Señor Jesús, busque en Sus páginas la explicación misma de Dios. A continuación, en forma abstracta, solamente como un bosquejo para iniciar al lector en el sendero de la revelación que solo Dios puede dar, señalo las siguientes Porciones Escriturales y razonamientos lógicos sobre los mismos, pidiendo al Señor que lo escrito pueda serle de bendición a alguno de mis hermanos.
Dios es Espíritu (Jn. 4:24). En Su Espíritu cubre la inmensidad incompresible del infinito, tanto en tiempo como en distancia. En Su Espíritu es la Sabiduría Suprema e Infinita, que ha creado y controla con una precisión maravillosa la inmensidad de la creación, desde las partículas increíblemente pequeñas que forman los átomos, hasta la bastedad indescriptible de los millones de galaxias
“DIOS ES ESPÍRITU” (Jn. 4:24). En Su Espíritu cubre la inmensidad incompresible del infinito, tanto en tiempo como en distancia. En Su Espíritu es la Sabiduría Suprema e Infinita, que ha creado y controla con una precisión maravillosa, la inmensidad de la creación desde las partículas increíblemente pequeñas que forman los átomos, hasta la bastedad indescriptible de las millones de galaxias. Dios en Su Espíritu es Infinito, Invisible, Intangible, Eterno, no tiene principio ni tiene fin. A ese Espíritu Omnisciente, Omnipresente y Omnipotente, es a quien la Biblia llama el “PADRE NUESTRO” (MT. 6:9), EL “PADRE ETERNO” (IS. 9:6), EL “PADRE DE LAS LUCES” (STG. 1:17), EL “PADRE DE LOS ESPÍRITUS” (HEB. 12:9), EL “PADRE SANTO” (JN. 14:26). DIOS ES ESPÍRITU Y DIOS ES SANTO (JN. 4:24; LEV. 11:44). El Padre es el Espíritu Santo. En la Divinidad no hay tres personas, por la sencilla razón de que el Espíritu no es persona. Tampoco hay dos Espíritus, ni mucho menos dos Dioses (Ef. 4:4).
En Dios, o sea, en la Divinidad, los términos: Padre, Hijo y Espíritu Santo, no son para dividirse Dios a Sí mismo, ni mucho menos para justificar la existencia de dos o de tres personas, sino que es para especificar Sus diferentes aspectos y funciones en relación con Su creación, y más particularmente en Su trato con Sus criaturas a quienes dotó con la facultad divina del razonamiento, sean ahora tanto los seres celestiales como los terrenales. Dios, como Padre se presenta sobre todo como el Espíritu Infinito, como Espíritu Santo, y es así como singulariza Su acción redentora y Su poder regenerador operando en el género humano caído. Inclusive es el título que usa para nombrar el don sublime de inspiración y de poder que ha prometido y dado a millares de Sus redimidos. Como Hijo, se presenta a Sí mismo en Su Cuerpo visible, porque "EL HIJO, ES LA IMAGEN DEL DIOS INVISIBLE, EL PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA" (Col. 1:15). Es el Cuerpo visible de Dios, es decir, la Única Persona de la Divinidad. Es el "RESPLANDOR DE LA GLORIA DE DIOS, Y LA MISMA IMAGEN DE SU SUSTANCIA" (Heb. 1:3). "ES LA IMAGEN DE DIOS" (2 Cor. 4:4). Porque en ese Cuerpo "HABITA TODA LA PLENITUD DE LA DIVINIDAD CORPORALMENTE" (Col. 2:9). Por eso está escrito que A DIOS "NADIE LE VIÓ JAMÁS: EL UNIGÉNITO HIJO, QUE ESTÁ EN EL SENO DEL PADRE, ÉL LE DECLARÓ (Jn. 1:18). Y NADIE SABE QUIÉN SEA EL HIJO SINO EL PADRE; NI QUIEN SEA EL PADRE, SINO EL HIJO, Y A QUIEN EL HIJO LO QUISIERE REVELAR" (Lc. 10:22). Son innumerables las ocasiones que en las Santas Escrituras se hace mención “del Padre y del Hijo”, pero nunca se habla de ELLOS, sino siempre de ÉL, por la sencilla y poderosa razón de que DIOS ES SOLAMENTE UNO; repito: Padre en Su Espíritu infinito e Hijo en Su Cuerpo visible. ¿Dos DIOSES? ¡NO! Ni tampoco dos personas, mucho menos tres.
Ciertamente que “SIN CONTRADICCIÓN, GRANDE ES EL MISTERIO DE LA PIEDAD: DIOS HA SIDO MANIFESTADO EN CARNE” (1 Tim. 3:16), y aquellos que no tienen esta revelación no pueden conciliar esta Escritura con la que dice que “DE TAL MANERA AMÓ DIOS AL MUNDO, QUE HA DADO A SU HIJO UNIGÉNITO” (Jn. 3:16). Pero la Escritura está firme y la respuesta maravillosa es la explicación que con la misma Palabra aquí se describe. “¿QUIÉN VINO AL MUNDO Y FUE HECHO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS?” (Jn. 1:14) ¡DIOS! Porque “he aquí la virgen concebirá y parirá un hijo, y llamarás Su Nombre EMMANUEL, QUE DECLARADO, ES: DIOS CON NOSOTROS” (Mt. 1:23).
Ahora pregunto: ¿Fue el Espíritu infinito el que dejando vacío el universo entero se redujo a vivir en un Cuerpo humano, (vistió de humanidad Su Cuerpo de gloria) para estar entre los moradores de la Tierra? ¡No! No podría nunca ser tal cosa, pues “LOS CIELOS Y LOS CIELOS DE LOS CIELOS NO PUEDEN CONTENERTE” (2 Cró. 6:18).
En cambio, el apóstol Pablo nos dice de Aquel, “QUE POR AMOR DE VOSOTROS SE HIZO POBRE, SIENDO RICO…” (2 Cor. 8:9). “EL CUAL, SIENDO EN FORMA DE DIOS, NO TUVO POR USURPACIÓN SER IGUAL A DIOS: SIN EMBARGO SE ANONADÓ A SÍ MISMO, TOMANDO FORMA DE SIERVO HECHO SEMEJANTE A LOS HOMBRES” (Fil. 2:6-7) ¿Quién? ¡La Imagen del Dios Invisible! No otro cuerpo sino Su propio Cuerpo; no la segunda persona (pues no la hay), sino la Única Persona de la Divinidad. El mismo que habló con Abraham (Gn. 18:1-13). El mismo con quien luchó Jacob (Gn. 32:24-29). El mismo a quien adoró postrado Josué (Jos. 5:13-15). El mismo que apareció a Manoa padre de Samsón (Jue. 13:3-22). El mismo que vio Isaías profeta en Su trono de gloria (Is. 6:1-4). El mismo que vio Daniel siendo adorado por millones de millones (Dn. 7:9-10). El mismo que vio Nabucodonosor acompañando a los varones hebreos (Dn. 3:24-25).
Este mismo “Personaje maravilloso” delante del cual todos los antiguos se postraron y le dieron adoración (cónstenos que todos estos hombres sabían bien que solamente a Dios se le debía rendir adoración), es el mismo que descubrió Su gloria ante Pedro, Juan y Santiago (Mt. 17:1-9) durante el tiempo que la Biblia llama: “LOS DÍAS DE SU CARNE” (Heb. 5:7). Y es este mismo “Sublime y Glorioso Personaje” que después de haber “PARTICIPADO COMO LOS HIJOS DE DIOS, DE CARNE Y SANGRE, PARA DESTRUIR POR SU MUERTE AL QUE TENÍA EL IMPERIO DE LA MUERTE, ES A SABER AL DIABLO” (Heb. 2:14), lo ve el apóstol Juan en su Revelación, lleno de gloria, diciendo: “YO SOY EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO; Y EL QUE VIVO, Y HE SIDO MUERTO; Y HE AQUÍ QUE VIVO POR SIGLOS DE SIGLOS. AMEN. Y TENGO LAS LLAVES DEL INFIERNO Y DE LA MUERTE” (Ap. 1:10-18).
¿Cuál es el NOMBRE oculto de Este “Personaje Divino” que en la antigüedad se manifiesta con Su memorial “YHWH”? El mismo Señor se lo declara a José (Mt. 1:18-21), dándole a conocer el “NOMBRE QUE ES SOBRE TODO NOMBRE” (Fil. 2:9-10), “PORQUE NO HAY OTRO NOMBRE DEBAJO DEL CIELO, DADO A LOS HOMBRES, EN QUE PODAMOS SER SALVOS” (Hch. 4:12). EL NOMBRE DE DIOS ES JESÚS EL SEÑOR. Porque si el Señor Jesús no fuere el mismo “YHWH”, entonces no podría salvar, y Sus seguidores estuviéramos completamente perdidos (Is. 43:10-11). JESÚS es el Padre Eterno (Is. 9:6), JESÚS es el Nombre del Padre (Espíritu Eterno), JESÚS es el Nombre del Hijo (Su Imagen Visible), JESÚS es el Nombre del Espíritu Santo (el mismo Poderoso Dios en Su acción regeneradora).
El Padre es Eterno, pero la Biblia nunca habla del término “Hijo eterno”, porque el Espíritu Infinito nunca principió y nunca termina (el Padre), pero Su Imagen visible, Su Cuerpo de gloria, “EN EL CUAL HABITA TODA LA PLENITUD DE LA DIVINIDAD CORPORALMENTE” (Col. 2:9) o sea que, el Hijo, sí tiene principio, pues es “EL PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA” (Col. 1:15), es “EL PRINCIPIO DE LA CREACIÓN” (Ap. 3:14), el “ALPHA Y OMEGA”, “PRINCIPIO Y FIN”, “EL PRIMERO Y EL POSTRERO” (Ap. 22:13). El Espíritu Eterno (el Padre) engendró Su imagen (al Hijo), por esa razón el Señor dijo: “PORQUE EL PADRE MAYOR ES QUE YO” (Jn. 14:28). La Biblia llama al Hijo “UNIGÉNITO” (Jn. 1:14) debido a que no hay nada igual a Él. Todos los demás seres racionales de la creación, tanto celestes como terrenos, somos hechura de Dios, Col. 1:13-17 (a excepción de Sus hijos, que también fuimos engendrados); pero el Hijo no es solamente uno de los millones de millones como los somos todos los demás, sino que es diferente que todos porque es el propio Cuerpo de Dios, y así como el Espíritu Eterno es Dios, también Su propia Imagen es Dios. No otro Dios ni un segundo Dios, sino el mismo y Único Bendito Dios (léase Hebreos capitulo uno).
Al estar el Hijo en este mundo, habitando encubierto en el velo de humanidad perfecta (Is. 45:15) para poder derramar la Sangre del precio de nuestra salvación, en Su humanidad del Hombre Perfecto, Él es el Único varón sin pecado (Heb. 4:15) propuesto por el Espíritu Eterno para ser las dos cosas: Cordero para el sacrificio y Sumo Pontífice (Heb. 7:24-28). Mencioné al principio que los líderes religiosos del pueblo de Israel, rechazaron al Señor Jesús y aun pidieron su crucifixión porque “SIENDO HOMBRE” SE PRESENTÓ COMO “DIOS” (Jn. 10:33). Pero era porque ellos solamente pudieron ver Su humanidad, pues ya que no les fue dada revelación de Dios para poder ver al Divino que estaba encubierto en aquel “Humano Perfecto” (Is. 45:15), como Él mismo lo explicó a Felipe (Jn. 14:6-11).Esa es la misma ceguedad espiritual que tomó a los que se desviaron en los principios de la Iglesia y que se confirmó como “doctrina oficial” cuando la apostasía profetizada se manifestó en la forma ya explicada al principio de este artículo. Para el presente tiempo, después del transcurso de los siglos, son muchos millones de profesantes seguidores de Cristo los que habían sido engañados en el error del Concilio de Nicea, pero Poderoso es Dios para revelar a todos los que le buscan y que le sirven de todo el corazón, la declaración del “MISTERIO DE LA PIEDAD” (1 Tim. 3:16), y guiarles por Sus Santo Espíritu en Su Santa Palabra para reconocer que Dios no puede ser dos ni tres, sino que DIOS ES UNO, y que Su maravillosos Nombre es JESÚS, el Señor.
Los apóstoles estaban completamente despiertos a la maravillosa verdad aquí en breve comentada, y cuando el Señor los envió a doctrinar y bautizar a los gentiles en el “Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt. 28:19), ellos obedecieron fielmente a lo que el Maestro les ordenó, y bautizaron a miles en el “NOMBRE DE JESUCRISTO” (Hch. 2:38. 8:16. 10:48. 19:5. 22:16). Y así también, hablaron a una iglesia cuyos miembros habían sido bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo (Rom. 6:3; Gál. 3:27; 1 Ped. 3:21). La Iglesia está esperando el regreso del Señor conforme a Sus promesas (Tit. 2:13). Cuando yo mire a mi Cristo en las nubes, voy a ver solamente UNO, a mi Señor Jesús, cuando lo vea a Él, voy a ver al Padre, voy a ver a mi Dios. A nadie más porque no lo hay.
A las órdenes para servir a mí estimado lector que deseare más información.
Pastor Efraim Valverde, Sr.
En Dios, o sea, en la Divinidad, los términos: Padre, Hijo y Espíritu Santo, no son para dividirse Dios a Sí mismo, ni mucho menos para justificar la existencia de dos o de tres personas, sino que es para especificar Sus diferentes aspectos y funciones en relación con Su creación, y más particularmente en Su trato con Sus criaturas a quienes dotó con la facultad divina del razonamiento, sean ahora tanto los seres celestiales como los terrenales. Dios, como Padre se presenta sobre todo como el Espíritu Infinito, como Espíritu Santo, y es así como singulariza Su acción redentora y Su poder regenerador operando en el género humano caído. Inclusive es el título que usa para nombrar el don sublime de inspiración y de poder que ha prometido y dado a millares de Sus redimidos. Como Hijo, se presenta a Sí mismo en Su Cuerpo visible, porque "EL HIJO, ES LA IMAGEN DEL DIOS INVISIBLE, EL PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA" (Col. 1:15). Es el Cuerpo visible de Dios, es decir, la Única Persona de la Divinidad. Es el "RESPLANDOR DE LA GLORIA DE DIOS, Y LA MISMA IMAGEN DE SU SUSTANCIA" (Heb. 1:3). "ES LA IMAGEN DE DIOS" (2 Cor. 4:4). Porque en ese Cuerpo "HABITA TODA LA PLENITUD DE LA DIVINIDAD CORPORALMENTE" (Col. 2:9). Por eso está escrito que A DIOS "NADIE LE VIÓ JAMÁS: EL UNIGÉNITO HIJO, QUE ESTÁ EN EL SENO DEL PADRE, ÉL LE DECLARÓ (Jn. 1:18). Y NADIE SABE QUIÉN SEA EL HIJO SINO EL PADRE; NI QUIEN SEA EL PADRE, SINO EL HIJO, Y A QUIEN EL HIJO LO QUISIERE REVELAR" (Lc. 10:22). Son innumerables las ocasiones que en las Santas Escrituras se hace mención “del Padre y del Hijo”, pero nunca se habla de ELLOS, sino siempre de ÉL, por la sencilla y poderosa razón de que DIOS ES SOLAMENTE UNO; repito: Padre en Su Espíritu infinito e Hijo en Su Cuerpo visible. ¿Dos DIOSES? ¡NO! Ni tampoco dos personas, mucho menos tres.
Ciertamente que “SIN CONTRADICCIÓN, GRANDE ES EL MISTERIO DE LA PIEDAD: DIOS HA SIDO MANIFESTADO EN CARNE” (1 Tim. 3:16), y aquellos que no tienen esta revelación no pueden conciliar esta Escritura con la que dice que “DE TAL MANERA AMÓ DIOS AL MUNDO, QUE HA DADO A SU HIJO UNIGÉNITO” (Jn. 3:16). Pero la Escritura está firme y la respuesta maravillosa es la explicación que con la misma Palabra aquí se describe. “¿QUIÉN VINO AL MUNDO Y FUE HECHO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS?” (Jn. 1:14) ¡DIOS! Porque “he aquí la virgen concebirá y parirá un hijo, y llamarás Su Nombre EMMANUEL, QUE DECLARADO, ES: DIOS CON NOSOTROS” (Mt. 1:23).
Ahora pregunto: ¿Fue el Espíritu infinito el que dejando vacío el universo entero se redujo a vivir en un Cuerpo humano, (vistió de humanidad Su Cuerpo de gloria) para estar entre los moradores de la Tierra? ¡No! No podría nunca ser tal cosa, pues “LOS CIELOS Y LOS CIELOS DE LOS CIELOS NO PUEDEN CONTENERTE” (2 Cró. 6:18).
En cambio, el apóstol Pablo nos dice de Aquel, “QUE POR AMOR DE VOSOTROS SE HIZO POBRE, SIENDO RICO…” (2 Cor. 8:9). “EL CUAL, SIENDO EN FORMA DE DIOS, NO TUVO POR USURPACIÓN SER IGUAL A DIOS: SIN EMBARGO SE ANONADÓ A SÍ MISMO, TOMANDO FORMA DE SIERVO HECHO SEMEJANTE A LOS HOMBRES” (Fil. 2:6-7) ¿Quién? ¡La Imagen del Dios Invisible! No otro cuerpo sino Su propio Cuerpo; no la segunda persona (pues no la hay), sino la Única Persona de la Divinidad. El mismo que habló con Abraham (Gn. 18:1-13). El mismo con quien luchó Jacob (Gn. 32:24-29). El mismo a quien adoró postrado Josué (Jos. 5:13-15). El mismo que apareció a Manoa padre de Samsón (Jue. 13:3-22). El mismo que vio Isaías profeta en Su trono de gloria (Is. 6:1-4). El mismo que vio Daniel siendo adorado por millones de millones (Dn. 7:9-10). El mismo que vio Nabucodonosor acompañando a los varones hebreos (Dn. 3:24-25).
Este mismo “Personaje maravilloso” delante del cual todos los antiguos se postraron y le dieron adoración (cónstenos que todos estos hombres sabían bien que solamente a Dios se le debía rendir adoración), es el mismo que descubrió Su gloria ante Pedro, Juan y Santiago (Mt. 17:1-9) durante el tiempo que la Biblia llama: “LOS DÍAS DE SU CARNE” (Heb. 5:7). Y es este mismo “Sublime y Glorioso Personaje” que después de haber “PARTICIPADO COMO LOS HIJOS DE DIOS, DE CARNE Y SANGRE, PARA DESTRUIR POR SU MUERTE AL QUE TENÍA EL IMPERIO DE LA MUERTE, ES A SABER AL DIABLO” (Heb. 2:14), lo ve el apóstol Juan en su Revelación, lleno de gloria, diciendo: “YO SOY EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO; Y EL QUE VIVO, Y HE SIDO MUERTO; Y HE AQUÍ QUE VIVO POR SIGLOS DE SIGLOS. AMEN. Y TENGO LAS LLAVES DEL INFIERNO Y DE LA MUERTE” (Ap. 1:10-18).
¿Cuál es el NOMBRE oculto de Este “Personaje Divino” que en la antigüedad se manifiesta con Su memorial “YHWH”? El mismo Señor se lo declara a José (Mt. 1:18-21), dándole a conocer el “NOMBRE QUE ES SOBRE TODO NOMBRE” (Fil. 2:9-10), “PORQUE NO HAY OTRO NOMBRE DEBAJO DEL CIELO, DADO A LOS HOMBRES, EN QUE PODAMOS SER SALVOS” (Hch. 4:12). EL NOMBRE DE DIOS ES JESÚS EL SEÑOR. Porque si el Señor Jesús no fuere el mismo “YHWH”, entonces no podría salvar, y Sus seguidores estuviéramos completamente perdidos (Is. 43:10-11). JESÚS es el Padre Eterno (Is. 9:6), JESÚS es el Nombre del Padre (Espíritu Eterno), JESÚS es el Nombre del Hijo (Su Imagen Visible), JESÚS es el Nombre del Espíritu Santo (el mismo Poderoso Dios en Su acción regeneradora).
El Padre es Eterno, pero la Biblia nunca habla del término “Hijo eterno”, porque el Espíritu Infinito nunca principió y nunca termina (el Padre), pero Su Imagen visible, Su Cuerpo de gloria, “EN EL CUAL HABITA TODA LA PLENITUD DE LA DIVINIDAD CORPORALMENTE” (Col. 2:9) o sea que, el Hijo, sí tiene principio, pues es “EL PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA” (Col. 1:15), es “EL PRINCIPIO DE LA CREACIÓN” (Ap. 3:14), el “ALPHA Y OMEGA”, “PRINCIPIO Y FIN”, “EL PRIMERO Y EL POSTRERO” (Ap. 22:13). El Espíritu Eterno (el Padre) engendró Su imagen (al Hijo), por esa razón el Señor dijo: “PORQUE EL PADRE MAYOR ES QUE YO” (Jn. 14:28). La Biblia llama al Hijo “UNIGÉNITO” (Jn. 1:14) debido a que no hay nada igual a Él. Todos los demás seres racionales de la creación, tanto celestes como terrenos, somos hechura de Dios, Col. 1:13-17 (a excepción de Sus hijos, que también fuimos engendrados); pero el Hijo no es solamente uno de los millones de millones como los somos todos los demás, sino que es diferente que todos porque es el propio Cuerpo de Dios, y así como el Espíritu Eterno es Dios, también Su propia Imagen es Dios. No otro Dios ni un segundo Dios, sino el mismo y Único Bendito Dios (léase Hebreos capitulo uno).
Al estar el Hijo en este mundo, habitando encubierto en el velo de humanidad perfecta (Is. 45:15) para poder derramar la Sangre del precio de nuestra salvación, en Su humanidad del Hombre Perfecto, Él es el Único varón sin pecado (Heb. 4:15) propuesto por el Espíritu Eterno para ser las dos cosas: Cordero para el sacrificio y Sumo Pontífice (Heb. 7:24-28). Mencioné al principio que los líderes religiosos del pueblo de Israel, rechazaron al Señor Jesús y aun pidieron su crucifixión porque “SIENDO HOMBRE” SE PRESENTÓ COMO “DIOS” (Jn. 10:33). Pero era porque ellos solamente pudieron ver Su humanidad, pues ya que no les fue dada revelación de Dios para poder ver al Divino que estaba encubierto en aquel “Humano Perfecto” (Is. 45:15), como Él mismo lo explicó a Felipe (Jn. 14:6-11).Esa es la misma ceguedad espiritual que tomó a los que se desviaron en los principios de la Iglesia y que se confirmó como “doctrina oficial” cuando la apostasía profetizada se manifestó en la forma ya explicada al principio de este artículo. Para el presente tiempo, después del transcurso de los siglos, son muchos millones de profesantes seguidores de Cristo los que habían sido engañados en el error del Concilio de Nicea, pero Poderoso es Dios para revelar a todos los que le buscan y que le sirven de todo el corazón, la declaración del “MISTERIO DE LA PIEDAD” (1 Tim. 3:16), y guiarles por Sus Santo Espíritu en Su Santa Palabra para reconocer que Dios no puede ser dos ni tres, sino que DIOS ES UNO, y que Su maravillosos Nombre es JESÚS, el Señor.
Los apóstoles estaban completamente despiertos a la maravillosa verdad aquí en breve comentada, y cuando el Señor los envió a doctrinar y bautizar a los gentiles en el “Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt. 28:19), ellos obedecieron fielmente a lo que el Maestro les ordenó, y bautizaron a miles en el “NOMBRE DE JESUCRISTO” (Hch. 2:38. 8:16. 10:48. 19:5. 22:16). Y así también, hablaron a una iglesia cuyos miembros habían sido bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo (Rom. 6:3; Gál. 3:27; 1 Ped. 3:21). La Iglesia está esperando el regreso del Señor conforme a Sus promesas (Tit. 2:13). Cuando yo mire a mi Cristo en las nubes, voy a ver solamente UNO, a mi Señor Jesús, cuando lo vea a Él, voy a ver al Padre, voy a ver a mi Dios. A nadie más porque no lo hay.
A las órdenes para servir a mí estimado lector que deseare más información.
Pastor Efraim Valverde, Sr.
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