Autor: Pastor Efraim Valverde, Sr.
Revista Maranatha Edición de Julio 2016 página 5.
Revista Maranatha Edición de Julio 2016 página 5.
“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb. 12:14)
El Texto citado es uno de los escritos que son específicos en la Palabra de Dios. Digo “específicos”, porque se trata de declaraciones determinantes en cuya interpretación no cabe en ninguna manera la ambigüedad. Aquí la orden del Espíritu Santo, instrumentalizada por el apóstol, es enfática y terminante. El que no hiciere conforme a lo dictado, “no verá al Señor” (Heb. 12:14). Entendiendo lo ya explicado, nos conviene entonces considerar con el debido detenimiento, lo que se nos dice a todos los que queremos ver al Señor, para tener parte en Su gloria; en nuestro Texto, se señalan dos condiciones indispensables: paz y santidad. En otra ocasión trataremos sobre la “paz” de que aquí se trata. En esta ocasión nuestro tema es “La Santidad”.
Así como Dios es luz, y el origen de “toda buena dádiva y todo don perfecto” (Stg. 1:17) también es Santo (Lv. 11:44-45), Él es por lo tanto, “el Santo de Israel” (Is. 1:4) y, “el Rey de los santos” (Ap. 15:3), Él es quien ha dado y sigue dando la orden a Su pueblo, diciendo: “Sed santos, porque Yo soy Santo” (1 Ped. 1:16). Este tema, entonces, no es solamente algo sobre lo que podemos tratar si nos gusta, o no tratarlo si no nos gusta. El tema de “La Santidad” es de vida o de muerte.
Así como Dios es luz, y el origen de “toda buena dádiva y todo don perfecto” (Stg. 1:17) también es Santo (Lv. 11:44-45), Él es por lo tanto, “el Santo de Israel” (Is. 1:4) y, “el Rey de los santos” (Ap. 15:3), Él es quien ha dado y sigue dando la orden a Su pueblo, diciendo: “Sed santos, porque Yo soy Santo” (1 Ped. 1:16). Este tema, entonces, no es solamente algo sobre lo que podemos tratar si nos gusta, o no tratarlo si no nos gusta. El tema de “La Santidad” es de vida o de muerte.
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