Autor: Pastor Efraim Valverde, Sr.
Revista Maranatha Edición de Octubre 2015 página 7.
Revista Maranatha Edición de Octubre 2015 página 7.
“…Unos fueron estirados, no aceptando el rescate, para ganar mejor resurrección; otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto, prisiones y cárceles; fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos a cuchillo, anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados, de los cuales, el mundo no era digno; perdidos por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra…” (Heb. 11:35-38)
¡Qué cuadro! Muchas veces me he preguntado y hoy lo hago otra vez: ¿Quién podría, humanamente hablando, desear una vida semejante, o cuando menos estar dispuesto a vivir conforme y resignadamente, en una forma como se describe en los Textos citados? Lo que el apóstol describe aconteció a hombres y a mujeres en la fe, que vivieron en tiempos anteriores al cristianismo, y si nosotros leemos la historia de este último, encontraremos con asombro que esto volvió a repetirse con exactitud en los hombres y mujeres de la fe en Jesucristo el Señor, que han vivido “escogiendo antes ser afligidos con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales de pecado. Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios (del mundo), porque han mirado a la remuneración (Heb. 11:25-26).
Nosotros estamos viviendo en un tiempo y en una parte del mundo en donde no se puede decir que hemos sufrido y experimentado tales cosas, pues “que aún no habéis resistido (sufrido) hasta la sangre, combatiendo contra el pecado” (Heb. 12:4). Creo que no se necesita ser un observador profundo para darse cuenta al mirar nuestra propia vida y la de muchos de los que nos rodean, que algunos caminamos tan complacidos y distraídos, que pensamos que lo escrito son historias muy conmovedoras ciertamente, pero que nada tienen que ver con nosotros.
Nosotros estamos viviendo en un tiempo y en una parte del mundo en donde no se puede decir que hemos sufrido y experimentado tales cosas, pues “que aún no habéis resistido (sufrido) hasta la sangre, combatiendo contra el pecado” (Heb. 12:4). Creo que no se necesita ser un observador profundo para darse cuenta al mirar nuestra propia vida y la de muchos de los que nos rodean, que algunos caminamos tan complacidos y distraídos, que pensamos que lo escrito son historias muy conmovedoras ciertamente, pero que nada tienen que ver con nosotros.
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