Autor: Pastor Efraim Valverde, Sr.
Revista Maranatha Edición de Enero 2014 página 5.
Revista Maranatha Edición de Enero 2014 página 5.
“Por esto, yo no dejaré de amonestaros siempre de estas cosas, aunque vosotros las sepáis y estéis confirmados en la verdad presente” (2 Ped. 1:12).
Es muy humano el hecho de que cuando uno está ya familiarizado con algo que conoce desde hace bastante tiempo, inconscientemente actúa bajo la impresión de que todos los que le rodean conocen también aquello, esta operación puede considerarse, sin mayor importancia, cuando se trata de las cosas comunes o regulares de la vida natural, pero no cuando se trata de lo mayor, de lo divino, de lo que tiene que ver con la vida o la muerte espiritual, es peligrosa. Esta es la razón por la que nuestro Dios enfatizó a los antiguos en Israel, en sus principios, que repitieran a sus hijos y a los hijos de sus hijos la historia de la vida del Pueblo Escogido en Egipto, y su milagrosa salida de debajo del yugo de esclavitud de Faraón, pues para los que fueron testigos oculares tal historia era vivida, pero no era lo mismo para las generaciones subsiguientes (por cierto que hasta este día, después de más de tres milenios y medio, el “Remanente Fiel” entre el Pueblo Judío continúa obedeciendo la orden de la repetición dada por Dios, haciendo memoria cada año en la celebración de la Pascua y en las demás fiestas sagradas ordenadas a ellos por Dios).
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