Autor: Pastor Efraim Valverde, Sr.
Revista Maranatha Edición de Abril 2016 página 10.
Revista Maranatha Edición de Abril 2016 página 10.
EN EL PLAN DE DIOS ESTABA EL PECADO
Alguien pudiera acusarme, de que estoy equivocado al decir que en el plan de creación de Dios estaba incluido el que existiera el pecado entre el género humano. A lo largo de mis años, mucho he oído hablar del origen del pecado en el Huerto del Edén y culpar de ello a nuestros primeros padres, Adán y Eva, y ha sido común el decir que si ellos no hubieran cedido a la provocación de la serpiente, el pecado que nosotros (su simiente) heredamos, no existiría. Tal manera de pensar es realmente infantil y aún absurda, pues nadie puede negar el hecho de que nada puede hacerse sin el conocimiento de Dios, y tampoco nadie puede decir que hay algo que se le pueda escapar al Señor.
La innegable verdad es que el Creador, en Su infinita sabiduría, planeó de antemano todo lo acontecido en el Huerto, de igual manera como entendemos en Su Palabra que Él planeó todo lo que se cumplió antes y después del Huerto, y hasta el día de hoy, por cierto, que en lo que falta por cumplirse en lo futuro, en el plan de creación y de redención de Dios, sabemos que no hay cosa que Él no la tenga ya planeada de antemano Pues Él es el Eterno, para Él no existe el tiempo. Por eso está escrito, hablando de Su Divinidad, que: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Heb. 13:8), el reconocer esta irrefutable y tremenda realidad es nuestra bendición, y la clave para entender los misterios Divinos.
La innegable verdad es que el Creador, en Su infinita sabiduría, planeó de antemano todo lo acontecido en el Huerto, de igual manera como entendemos en Su Palabra que Él planeó todo lo que se cumplió antes y después del Huerto, y hasta el día de hoy, por cierto, que en lo que falta por cumplirse en lo futuro, en el plan de creación y de redención de Dios, sabemos que no hay cosa que Él no la tenga ya planeada de antemano Pues Él es el Eterno, para Él no existe el tiempo. Por eso está escrito, hablando de Su Divinidad, que: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Heb. 13:8), el reconocer esta irrefutable y tremenda realidad es nuestra bendición, y la clave para entender los misterios Divinos.
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