Autor: Pastor Efraim Valverde, Sr.
Revista Maranatha Edición de Octubre 2013 página 1.
Revista Maranatha Edición de Octubre 2013 página 1.
"Porque el que se ensalzare, será humillado; y el que se humillare, será ensalzado" (Mt. 23:12).
Esta breve declaración que hace cerca de dos mil años brotó de los labios del Divino Maestro, a simple vista parece como algo completamente sencillo, incluso, hasta el leerla no implica un gran esfuerzo. Sin embargo, la realidad es que al igual que otras declaraciones semejantes, que muchos cristianos conocedores de la Biblia leen a la ligera sin detenerse a considerar las profundidades que en ellas se encuentran, ésta también implica un significado de vida o de muerte.
La humillación o la humildad como alguien ha dicho, que es más correcto decir, es precisamente "la clave para poder caminar con Dios". Esta virtud no es solamente una de las muchas virtudes que se necesitan para poder caminar con el Señor, sino la primera y la mayor, nadie, absolutamente nadie, puede ser aceptado ante la presencia del Todopoderoso para recibir Su bendición, sin la humillación. Todos los conocedores de la Palabra de Dios saben que, a lo largo del Libro Santo, sin excepción, la humildad es la virtud que distingue a cada uno de los hombres y mujeres que en su tiempo caminaron con el Señor, por otra parte, también sabemos que el orgullo y la soberbia son, invariablemente, la ruina y la muerte espiritual para los hijos de Dios que se dejan poseer por ellas.
La humillación o la humildad como alguien ha dicho, que es más correcto decir, es precisamente "la clave para poder caminar con Dios". Esta virtud no es solamente una de las muchas virtudes que se necesitan para poder caminar con el Señor, sino la primera y la mayor, nadie, absolutamente nadie, puede ser aceptado ante la presencia del Todopoderoso para recibir Su bendición, sin la humillación. Todos los conocedores de la Palabra de Dios saben que, a lo largo del Libro Santo, sin excepción, la humildad es la virtud que distingue a cada uno de los hombres y mujeres que en su tiempo caminaron con el Señor, por otra parte, también sabemos que el orgullo y la soberbia son, invariablemente, la ruina y la muerte espiritual para los hijos de Dios que se dejan poseer por ellas.
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