Oye, Israel: El Señor nuestro Dios, El Señor UNO es: (Deu. 6:4)
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Algunas Doctrinas Heréticas

8/2/2015

 
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Autor: Pastor Efraim Valverde, Sr.
Revista Maranatha Edición de Abril 2012 página 8.
“No que hay otro, sino que hay algunos que os inquietan y quieren pervertir el evangelio de Cristo” (Ga. 1:7).
Mientras la Iglesia cristiana estuvo pasando por la aflicción, a causa de las persecuciones intermitentes de que fue objeto durante los primeros siglos, el anticristo no podía controlar completamente la situación y “asentarse en el templo de Dios, como Dios, haciéndose parecer Dios”. Aunque “La cizaña ya había crecido juntamente con el trigo”, el anticristo todavía no había logrado ahogar a este último. La historia da razón de una pugna continua que prevalecía entre los ministros que estaban despiertos a la verdad y los que estaban ya poseídos por el espíritu del error. Las doctrinas erróneas ya tenían tiempo que habían empezado a germinar y a tomar fuerza, primero una o dos, después otra, luego otras más, y así sucesivamente. Satanás nunca ha estado conforme con introducir una mentira sola entre el pueblo de Dios,  Satanás siempre ha operado en forma de reacción en cadena, agregando engaño a mentira, error a engaño, falsedad a error, blasfemia a falsedad, etc., etc.
Desde los mismos días de los apóstoles habían empezado a aparecer herejías e interpretaciones torcidas de las Escrituras. Leamos las exhortaciones de Pablo: “¿Cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?” (1 Co. 15:12) y “No que hay otro, sino que hay algunos que os inquietan y quieren pervertir el evangelio de Cristo” (Ga. 1:7). Pedro también previene diciendo: “…entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para perdición de sí mismos” (2 Pedro 3:16). Esta operación de desvío lógicamente, se entiende que tuvo que aumentar y crecer. El desvío de la Iglesia, en el sentido de la organización política prohibida, no era ciertamente el único engaño sino más bien la plataforma que Satanás estaba preparando para transportar efectivamente, a su debido tiempo, a todos los “espíritus de error, y doctrinas de demonios” que habían de aparecer.

Todavía tenía que cumplirse en forma completa lo anticipado por Pablo, y la parte que aún “impedía” faltaba que fuera quitada. El primer impedimento ya había sido quitado con la muerte de los apósto­les durante el primer siglo. Ahora faltaba que cesaran las persecuciones y que la Roma pagana se transformara en la Roma “cristiana”. Pues a pesar de que muchas doctrinas de error habían estado tomando cuerpo durante los tres primeros siglos en que hubo terribles persecuciones, trajeron éstas un re­sultado saludable a la Iglesia y ello fue la convicción pro­funda y sincera que había en los creyentes. Desde el momento en que el aceptar la fe en nuestro Señor Jesucristo implicaba sen­tencia de muerte por parte del gobierno, era indispensable que hubiera una ver­dadera convicción en el creyente, y en un grado mayor en el ministro que presidía, pues era al pastor al que buscaban para matar primero. Con todo y eso, las doc­trinas de error fueron tomando forma y adquiriendo fuerza.

El ascetismo fue uno de los desvíos iniciales entre el cristianismo, y tomó fuerza en sus distintas formas basado en el buen sentir de consagrarse al Señor. Muchos cristianos empezaron a vivir una vida de aislamiento, apartándose del ambiente de la sociedad o del ajetreo de la vida diaria común, aislándose en cuevas o en claustros. Esta manera de vivir fue considerada por muchos como formación de cristianismo superior entre los creyentes. Los que vivían la vida ascética eran considerados como mejores cristianos. Los que vivían la vida común de la familia y el hogar eran considerados, por los ascéticos, como cristianos de segunda clase. Olvidaron que el Señor en su oración dijo: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Jn. 17:15).

Como consecuencia lógica del ascetismo, tomó fuerza la doctrina del celibato, la vida misma del apóstol Pablo fue tomada como base e inspiración por muchos hermanos y ministros para tratar de convertirse en eunucos. La intención ciertamente era buena y tal doctrina tiene su lado correcto y honorífico pero, al tomar la causa incorrectamente, esta doctrina ha sido y es hasta este día una de las mejores armas del diablo para corromper a los hijos de Dios. El apóstol Pablo, cuando trata sobre estos temas con la Iglesia de Corinto, advierte: “Y si no tienen don de continencia, cásense; que mejor es casarse que quemarse” (1 Co. 7:9). A su debido tiempo también aconseja que, “el obispo (pastor), sea marido de una mujer” (1 Ti. 3:2). Inclusive, señala este particular desvío cuando profetiza acerca de “los espíritus de error y doctrinas de demonios” que iban a venir con la apostasía de la Iglesia (1 Ti. 4:1-3).

La veneración primero y luego la adoración, tanto a los apóstoles ya muertos como a María, (a quien usó Dios para manifestarse en carne), comenzaron también a tomar forma muy sutilmente y con un aspecto de honorabilidad y de benevolencia. Al número original de “santos” gradualmente comenzó a agregárseles los nombres de los mártires que les siguieron, y así, en una forma por demás astuta, el anticristo fue introduciendo entre el cristianismo la forma de idolatría más abominable de todas las edades, y la cual prevalece con todo su satánico poder hasta el día de hoy. Cuando la apostasía se manifestó oficialmente, todo lo que el diablo tuvo que hacer fue inducir a los cristianos ya engañados para que pusieran a la imagen del apóstol Pedro en lugar de Júpiter, y a la Virgen María en vez del ídolo de Diana. El anciano apóstol Juan, entendió lo que iba a pasar en la Iglesia, y previno a los hermanos: “Hijitos, guardaos de los ídolos” (1 Jn.5:21).

La sencillez del llamamiento de los ministros del Evangelio empezó a transformarse y a convertirse en algo místico y sofisticado, el ministerio cristiano comenzó a convertirse en un remedo grotesco del sacerdocio levítico de Israel. Esto de por sí es absurdo puesto que en la Iglesia no hay necesidad de sacerdotes, cuyo oficio en Israel consistía en ofrecer holocaustos y víctimas sangrientas, en la Iglesia, Cristo es nuestro Sacerdote y Sumo Pontífice cuyo sacrificio en el madero de la cruz es la “una sola ofrenda (que) hizo perfectos para siempre a los santificados” (He. 10:14). Los apóstoles no fueron sacerdotes sino ministros (administradores) del Evangelio, aun sus genealogías eran de otras tribus de Israel, no de Leví; mucho menos de la familia de Aarón a la que correspondía el sacerdocio levítico. La prostitución del verdadero ministerio cristiano trajo consecuencias fatales al cristianismo hasta el día de hoy.

La Cena del Señor, con toda su belleza y sencillez original, empezó a ser sustituida por un rito pagano que hasta hoy prevalece: la doctrina de “la transubstanciación”, la cual comenzó así en aquellos días a tomar forma en las mentes de los desviados. En ella se enseña que el sacerdote –quien inclusive, es ordenado “según el orden de Melquisedec”– tiene poder para convertir una oblea en “el verdadero cuerpo de Cristo”, y el vino del cáliz “en la verdadera sangre de Cristo”. Esta ceremonia es nada menos que la hoy popular misa romana o católica, una de las blasfemias más abominables de la apostasía en la que se está sacrificando a Cristo continuamente. En esa ceremonia idolátrica pagana se ha cumplido al pie de la letra la escritura que dice: “Crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios, y exponiéndole al vituperio” (He. 6:6).

Durante el 2do. Y 3er. siglo, la forma del bautismo empezó a ser cambiada del molde original. En vez de la inmersión en el agua que se señala en el Nuevo Testamento (Mt. 3:16, Ro. 6-4), empezó a usarse el bautismo por aspersión o rociamiento. Para hacer tal cosa se usó, según la historia, un razonamiento que hasta hoy prevalece: “Si el agua es solamente un símbolo de purificación, tan puede limpiar una gota de agua como lo puede hacer un océano”. El bautismo de los inocentes también tuvo sus principios en esos primeros siglos. El cristianismo, en su desvío, hizo también otro remedo ridículo, tratando de imitar la herencia religiosa establecida para el Pueblo Judío en Israel, y así comenzó a enseñar un cristianismo de abolengo. Para ello empezó a usar el bautismo administrado a los inocentes en reemplazo por la circuncisión al niño en Israel.

La confusión respecto a la fórmula bautismal también empezó a ser cambiada en los primeros siglos. El bautismo en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, como lo administraron todos los apóstoles según el libro de Los Hechos (2:38, 8:16. 10:48, 19:5, 22:16; Ro. 6:3 y Ga. 3:27), empezó a ser sustituido por la invocación de los títulos: “Padre, Hijo y Espíritu Santo”. Los pronombres de las manifestaciones supremas de Dios, mencionadas en el mandamiento del bautismo: “Por tanto id, y doctrinad a todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, empezaron a ser usados literalmente en contradicción con la interpretación aplicada por los apóstoles, quienes bautizaron siempre en el NOMBRE de Jesucristo o del Señor Jesús. Entre los varios argumentos presentados para hacer este cambio contrario al orden de la Palabra de Dios, se enseñó que el bautismo en el Nombre de Jesucristo es para los judíos “porque ellos crucificaron a Cristo” y que el bautismo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo es para los gentiles.

Naturalmente que la mayor razón para la variación en la fórmula bautismal fue la desviación doctrinal relacionada a la Unicidad de la Deidad. Todo lo que tuvo que hacer Satanás, el anticristo, fue despertar en las mentes de la cristiandad entre los gentiles, el adormecido vicio de todas las edades: el Poli-teísmo. Pues en una forma u otra, la humanidad engañada por el diablo ha adorado siempre no a Dios, sino a “dioses”. Ahora la oportunidad se le presentó al enemigo para introducir, en las mentes del cristianismo descuidado, al Dios Eterno –quien dijo por Moisés: “Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor UNO es” (Deuteronomio. 6:4) —como una familia de dioses al igual que las demás deidades paganas y le puso un título muy respetable nombrándole hasta este día: “La Santísima Trinidad”. La ganancia neta del anticristo ha consistido hasta hoy en que el cristianismo ha sido privado de invocar en el bautismo el “Nombre que es sobre todo nombre” (Fil. 2:9-10), en el cual radica exclusivamente el perdón de pecados, pues, está declarado en forma por demás clara que “en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre (fuera del nombre de Cristo Jesús, el Señor) debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos. 4:12).

En esta forma tuvo su origen la doctrina errónea de más prominencia: La Trinidad, la cual hasta hoy “la mujer vestida de púrpura” reclama como su propiedad exclusiva, teniendo toda la razón. Dice un escritor, en uno de los muchos libros de “Historia de la Iglesia”; —“Los apóstoles entendieron ciertamente el mensaje de Cristo, pero ellos no entendieron plenamente quien era Cristo, hasta que la Iglesia lo declaró en el Concilio de Nicea en el año 325”. Dejo que el lector juzgue por sí mismo esta profana declaración, puesto que no se necesita ser un erudito en ciencias divinas para ver la audacia satánica en tal expresión.

Pedro apóstol había profetizado: “Y por avaricia harán mercadería de vosotros…”, y esto empezó a tener su cumplimiento literal en los primeros siglos con la introducción de la doctrina del purgatorio, las bulas, etc. Como siempre, otra vez el enemigo se aprovechó de los sentimientos de dolor y compasión humana, inventando una salvación de ultratumba. En ésta, a los deudos doloridos por la muerte de algún ser querido, se les aseguraba “una purga” para librar el alma del muerto, de todos los pecados que en vida hubiere cometido, de igual manera se empezó a usar torcidamente el texto que dice: “Confesaos vuestras faltas unos a otros, y rogad los unos por los otros para que seáis sanos” (Santiago. 5:16), para el establecimiento de la hasta ahora bien conocida doctrina de la confesión. Desde el principio, y durante todas las edades, esta “doctrina de demonios” ha sido usada muy efectivamente por las “autoridades eclesiásticas” para tener a las masas humanas bajo control.
Ceremonias y Festividades Judías Imitadas Por Roma
Paulatinamente, la Iglesia empezó a perder su aspecto original y “los espíritus de error y doctrinas de demonios” la llevaron a convertirse, a su tiempo, en una organización religiosa cuyo empeño consistió ahora en hacer un remedo grotesco de las ceremonias, festividades y liturgias que Dios había señalado antes para el pueblo de Israel. Cito a continuación unos paralelos que confirman lo dicho del remedo que hizo Roma queriendo imitar a la nación Israelita, en una especie de competencia que está completamente fuera del intento verdadero de Dios para con su Iglesia. Los paralelos citados son solamente parte del total, y han tomado forma en el transcurso de varios siglos:
  1. A Israel Dios lo formó como una nación cuyos miembros pertenecen a ese pueblo por derecho divino, y en el cual sus hijos heredan la religión que Dios dio a sus padres. Roma: Convirtió a la iglesia, cuyos miembros son integrados individualmente y por fe, en una institución que reclama también la religión hereditaria para las familias y sus hijos.
  2. A Israel Dios le dio los Libros de la Torá (la Ley), que juntamente con los demás escritos históricos, poéticos y proféticos integran el Testamento exclusivo para el pueblo Judío. Roma: Se apropió el derecho sobre los escritos evangélicos y apostólicos del Nuevo Testamento, reclamando tener autoridad para modificarlos a su albedrío y voluntad.
  3. Israel: Dios estableció universalmente el judaísmo como la religión oficial de la nación Judía. Roma: Estableció el catolicismo como la religión oficial del “cristianismo” en el mundo.
  4. Israel: Dios escogió a Jerusalén como la ciudad capital física y religiosa de ese pueblo. Roma: La Institución Católica Romana, escogió a Roma como la capital espiritual del “Cristianismo”.
  5. Israel: Dios le dio al pueblo el idioma hebreo como su lengua oficial y litúrgica. Roma: Por su parte, estableció el latín como su lengua oficial y litúrgica.
  6. Israel: Dios señaló a Aarón como el primer Sumo Sacerdote en sucesión hereditaria. Roma: Por su cuenta, nombra al apóstol Pedro como el primer “Sumo Pontífice” de “La Iglesia”.
  7. Israel: Dios estableció el orden sacerdotal, del linaje de Aarón. Roma: Por su cuenta estableció un “sacerdocio” que no existe en la Iglesia de Cristo.
  8. Israel: Dios estableció los sacrificios de víctimas de animales y holocaustos. Roma: De la Cena del Señor, sacó la Misa donde “el sacerdote sacrifica diario a Cristo”.
  9. Israel: Dios ordenó la Circuncisión como señal física para el judío desde niño. Roma: Estableció el bautismo como señal física para el católico desde su infancia.
  10. Israel: El jovencito es dedicado a Dios en la Ceremonia del Bar Mitzvah. Roma: Por su parte, inventó la ceremonia de la comunión para los jovencitos católicos.
  11. Israel: Dios le señaló solemnidades y festividades religiosas, y días santos para el pueblo. Roma: Por su cuenta, inventó también solemnidades y festividades y “días santos”.
  12. Israel: Dios les dio el sábado como el día de reposo al fin de la semana. Roma: Estableció el domingo como el día del reposo al principio de la semana.
  13. Israel: Tiene su propio calendario Judío. Roma: Estableció su calendario “cristiano”.
  14. Israel: Celebra la fiesta de la Pascua por orden de Dios, desde su salida de Egipto. Roma: De su cuenta, inventó la “Semana Santa” para celebrarla durante el mismo tiempo.
  15. El Pueblo Judío celebra Hanukah (fiesta de las luces) desde la era macabea. Roma: Inventó la Navidad para celebrarla más o menos al mismo tiempo.
  16. El Pueblo Judío celebra la fiesta de disfraces del Purim, en memoria de Mardoqueo y Esther. Roma: Hizo oficial la fiesta de disfraces del “Halloween”, o “Día de los Muertos”.
  17. Israel: Honra la memoria de los patriarcas, profetas y héroes de Israel. Roma: Enseña a sus feligreses a adorar a “los santos de la Santa Madre Iglesia Católica”.
  18. Israel: Tenía el Sanedrín. Roma: Estableció el “Colegio de Cardenales”.
  19. El Pueblo Judío tiene “Yeshivas”. Roma: Estableció escuelas y seminarios.
  20. El Pueblo Judío tiene el Talmud. Roma: Inventó el Credo y su Catecismo.
  21. El Pueblo Judío tiene Rabinos. Roma: Nombró a los Curas, Párrocos para sus feligreses.
  22. En Israel los sacerdotes tenían el Ephod. Roma: Les puso “casulla” (sotanas) a sus sacerdotes.
  23. En Israel la liturgia era de origen divino. Roma: La liturgia es inventada por el hombre.
  24. El Pueblo Judío tiene los salmos para orar. Roma: Inventó el Rosario y las Letanías.
  25. En Israel, el sacerdote, de acuerdo con la Ley, ofrecía la víctima y remitía el pecado. Roma: Inventó el confesionario donde “el sacerdote absuelve de pecado al penitente”.
  26. En Israel, se rociaba al pueblo con la sangre de la becerra para santificación. Roma: Inventó “el agua bendita” y la ceniza para “santificar al pueblo”.
  27. En Israel, por orden de Dios, el Templo era considerado un edificio sagrado. Roma: Edificó Catedrales y Basílicas y ha enseñado al pueblo a que las reverencie.
Estas y otras más enseñanzas de engaño han influenciado las mentes del cristianismo en su totalidad, en el transcurso de más de un milenio y medio, dejando marcas y cicatrices indelebles. Esta influencia no ha quedado reducida a los ambientes religiosos solamente, sino que ha abarcado también la parte secular de la civilización presente. En esta influencia están incluidas, en primer lugar, las naciones Occidentales, pero también son afectadas directa o indirectamente el resto de las naciones. En medio de la influencia y confusión religiosa secular de “Babilonia”, ha permanecido siempre y permanecerá hasta el día del regreso del Señor en gloria, Su Iglesia fiel que será un solo pueblo cuando “todo Israel será salvo” (Ro. 11:26). Entonces cesará completamente la operación de engaño y de los “espíritus de error y doctrinas de demonios” (1 Ti. 4:1).
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